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El poder del silencio

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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En un mundo lleno de ruidos, el silencio es un bien muy preciado. Es capaz de infundir calma y de alejar los pensamientos negativos de nuestro ser. Existe una sabia frase que dice: “Tenemos dos orejas y una boca”, que explica muy bien la importancia de saber escuchar. Aunque pareciera que la imagen actual del éxito y del protagonismo es la de los que “hablan hasta por los codos” y no dejan que otros hablen sin interrumpirlos, la realidad es otra: si alguien no sabe callar, tampoco sabe realmente comunicar. Hablar y escuchar son dos caras de la misma moneda. Si las palabras y los gestos son las dos peculiaridades de la comunicación humana, entonces ciertamente sus aspectos aún más esenciales son el sonido, pero también el silencio.

Hablar continuamente y sin parar no es funcional. Porque para ser escuchado es necesario primero estar en silencio para oír lo que los demás dicen. Técnicamente, estar en silencio es terriblemente difícil, especialmente durante las conversaciones con personas que conocemos. Pero es importante también saber manejar el silencio, en la conciencia de que no hablar a veces puede expresar un mensaje más contundente que muchas palabras.

Aprender a usar el silencio correctamente trae ventajas considerables y numerosas. De hecho, gracias al silencio se puede estimular la reflexión. A menudo no es necesario responder de inmediato, permanecer en silencio un momento para pensar en la respuesta correcta favorece a una comunicación más madura. Además, con el silencio se envía un mensaje tácito al interlocutor, que ya no tenemos nada que decir, por lo que es inútil continuar la charla.

En la comunicación, el objetivo común debe ser compartir información, sin abrumar al interlocutor, por lo que el silencio es útil para reducir el volumen de palabras inútiles, generadas en vano. Además, en algunos casos guardar silencio favorece a la resolución de algún conflicto.

Muchas veces sucede que cuando alguien habla demasiado tiende a monopolizar la conversación, incluso interrumpiendo o superponiéndose a los demás. Utilizando palabras inútiles que la mayoría de veces no le interesan a nadie, en un intento de convencer al resto e imponer sus ideas. El silencio fomenta la empatía y el respeto, ya que después de haber presentado cada quien sus opiniones es útil para una buena comunicación escuchar y dar el espacio de hablar a cada quien. Esta actitud muestra interés en los pensamientos de los que están frente a nosotros.

Muchas veces el silencio, sobre todo en la sociedad actual, puede resultar embarazoso e incómodo. Por este motivo la gente quiere evitarlo a toda costa, aunque sea con palabras inútiles, vacías y tontas. Pero recuerde que usted se hace esclavo de sus palabras y dueño de su silencio. Permanecer en silencio, centrándose en un mensaje que emite la otra persona, además de su comunicación no verbal, ayudará a entender mejor y más profundamente lo que dice y cómo se dice, además de obtener más información del emisor.

El silencio es una herramienta comunicativa muy fuerte, que debe utilizarse con más frecuencia, pero debe ser de una manera útil, funcional y, sobre todo, con conocimiento de los hechos. Otra razón para aplicar el silencio en la comunicación está relacionada con la imagen que queremos proyectar sobre los demás. De hecho, parece que las personas que callan son “incapaces de comunicarse”. Sin embargo, como dice un proverbio: “Hasta el necio pasa por sabio e inteligente cuando guarda silencio”. Así que buscar un buen equilibrio entre hablar, callar, saber escuchar y pensar antes de hablar es la mejor arma para una buena comunicación.