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El racismo, un virus más peligroso que el covid-19

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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“No puedo respirar”. Fueron las últimas palabras de George Floyd, un afroamericano asesinado despiadadamente por un policía de Minneapolis, Minnesota. Derek Chauvin permaneció con su sádica rodilla clavada en el cuello de George Floyd durante ocho minutos y 46 segundos hasta que le quitó la vida, por un evidente odio racial.

Duele el corazón saber que Floyd estaba desarmado, no se resistió al arresto y aún así los cuatro policías, a sabiendas de que estaban siendo filmados con los teléfonos, las cámaras de la patrulla y de la calle, actuaron despiadadamente sobre él, ignorando sus súplicas y las de testigos que les pedían que se detuvieran.

Pero sus palabras no murieron con él, las siguen replicando todos aquellos que vieron ese terrible video que circula en la web. Este caso fue la gota que rebalsó el vaso y que logró desatar un estallido social en multitudinarias protestas de costa a costa en Estados Unidos, donde se derrama la ira y la frustración en las calles, porque ha vuelto a abrir todas las heridas por la brutalidad policial cotidiana, utilizada con las personas de raza negra, siendo una afrenta más que ya no se puede tolerar.

Este asesinato llamó la atención de todo el mundo y las manifestaciones llegaron también a Europa, porque todos estamos conscientes de que el racismo es una amenaza mucho más nociva que el peligro que representa esta pandemia.

El racismo sigue siendo la raíz de tanto dolor en nuestra sociedad. Y aunque el problema racial ha existido desde que nació Estados Unidos y no ha cesado, hoy con los videos y las redes sociales el problema se hace más evidente, al punto de que la frustración e impotencia colectiva ante tanta injusticia es incontenible. No había habido disturbios tan graves desde el asesinato del líder afroamericano Martin Luther King en 1968. Sin embargo, con el mandato del expresidente Barack Obama parecía que hubo cierto progreso en el tema, pero el caso de Floyd evidenció que queda un largo camino por recorrer.

Las manifestaciones reclaman justicia, un cambio e igualdad social, peticiones legítimas a través de las protestas pacíficas, pero también entre los manifestantes hay quienes aprovechan las situaciones para robar y cometer actos de vandalismo, saqueos y daño a monumentos públicos. Y esto podría cambiar el fondo del verdadero problema.

Abordar el racismo sistémico en EE. UU. es impostergable, pues la discriminación racial es constante en todas las esferas de la sociedad. Es irónico que en un país que se jacta de ser pionero en defender los derechos humanos y los ideales gemelos de igualdad y libertad se den situaciones de abuso policial contra sus propios ciudadanos, sin importar si son negros, chinos o latinos. EE. UU. es una nación de inmigrantes que lo han engrandecido ricamente. Los mejores atletas del mundo, cantantes increíbles, grandes actores y músicos son, en su mayoría, de raza negra.

El encierro de tres meses en casa por la pandemia sirvió para reflexionar sobre todas las injusticias que se viven en el mundo, por esta razón la gente no soportó visualizar la perversidad de ese policía amparado por un sistema policial históricamente cruel y corrupto.

¿Será que EE. UU. seguirá siendo “el imperio” o la primera potencia del mundo? ¿Habrá algo más profundo tras estas violentas manifestaciones? Según el connotado sociólogo noruego Johan Galtung, autor del estudio La teoría de conflictos, Estados Unidos colapsaría en el 2020. En la coyuntura actual, la situación se le está saliendo de las manos a Trump, sumado a que estas manifestaciones podrían traer una segunda ola de contagios y llevar el país a la ruina total, económica, social y sanitaria.