Sin fronteras

El reto Conamigua

Pedro Pablo Solares@pepsol

Del abogado Dudley Malone, mi hijo repite una frase que motiva al sano debate. Dijo Malone: “Nunca en mi vida he aprendido algo de una persona que está de acuerdo conmigo”. Y en eso me inspiro para invitar a un intercambio a quienes, desde algún espacio público, han promovido el fortalecimiento del Consejo Nacional de Atención al Migrante (Conamigua). Sucede que en el país aún no hay tantos que incursionen en el estudio de la problemática migratoria. Por tanto, en foros relativos al tema es frecuente la recurrencia de esas voces que a la postre influyen en el pensamiento colectivo. En esto, por supuesto, se excluye a quienes forman parte de la mafia que controla el aparato público. De ellos, ya se sabe qué esperar. En cambio, confieso que no logro comprender a ciertos colegas que se han caracterizado por defender causas justas, y que se han unido a campañas contra la corrupción, pero que al opinar sobre Conamigua, insisten con promover su continuidad, la cual es injustificada, desde este ángulo personal.

“Nunca en mi vida he aprendido algo de una persona que está de acuerdo conmigo”. Me gustó la frase. En los días pasados, ya consciente de que hoy lanzaría este reto, me preocupó que la posición de cerrar el Conamigua, pudiera sonar radical. No me gusta el radicalismo. Y por ello, la sana y -creo yo- constructiva idea de debatir. He sostenido… ¡qué! … He denunciado que el Conamigua es un ente corrupto, y que corresponde su definitiva disolución. He utilizado lenguaje contundente. En 2017, cuando justo estaba el Consejo en una de sus múltiples renovaciones, y que en esa ocasión terminó con el nombramiento del señor Carlos Narez, sostuve en esta columna que el “Conamigua ha sido un desperdicio criminal”. Una posición que mantengo, pues las dos razones expuestas aún persisten (Hagámosle el feo a Conamigua, P.L., noviembre, 2017). Aún creo que el Consejo vilipendia la causa del migrante con propósitos vanos. Aún creo que vilipendia el erario nacional. Cada centavo es dinero que -por ley- debió ser asignado a otras entidades que tienen la obligación de atender -no ayudar- a los afectados por el fenómeno de la movilidad humana.

Nunca en mi vida aprendí algo de alguien que estuviera de acuerdo conmigo. No vengo a exponer, pido aprender. Dígannos qué es lo que estamos obviando. El reto es sencillo: Díganme una sola función, una atribución del Conamigua que no esté pre-establecida como una responsabilidad de otro órgano de Gobierno. Créanme. Personalmente me he pasado horas leyendo esa ley, intentando darle el beneficio de la duda. Pero aparte de la antidemocrática e ilegal representación en el Consejo Asesor, no he encontrado ni una sola función duplicada.

Quiero aprender. Invito a la licenciada Úrsula Roldán, quien ha promovido la continuidad del Consejo en espacios públicos, y dirige el instituto de investigaciones pertinentes en la Universidad Rafael Landívar. Invito, claro, a mi compañera de corredores universitarios, Rita Elizondo, quien dirige temporalmente el Consejo. Se le mira pasión en el trabajo que ejecuta. Construyamos país. Invito a doña Nineth Montenegro a exponer. Ha escrito recientemente sobre el tema y conoce, como pocos, el funcionamiento del aparato público. E invito al diputado Aldo Dávila, quien integra la Comisión del Migrante, y que muestra entusiasmado en una Conamigua renovada. En estos tiempos de Coronavirus, el espacio ideal es un Zoom. Nos ponemos de acuerdo para los próximos días, e informamos a los lectores sobre la tertulia. Ejercitemos un sano debate. Quién sabe. Al rato, y como Malone, aprendamos algo de alguien con quien no estamos de acuerdo. #ElRetoConamigua