Con otra mirada

El rey de los virus

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

El virus covid-19, conocido en diciembre 2019 ante noticias llegadas de Wuhan, China central, sumió a la actual población mundial en una crisis desconocida, como no fuera por el registro histórico de tantas epidemias que han diezmado a la humanidad. En nuestro caso latinoamericano, desde la época de la Conquista, a lo largo del siglo XVI, con enfermedades para las que la población originaria no tenía defensas: sarampión, viruela y lepra.

En 1817 estalló una nueva epidemia del cólera, del que hay registros desde Hipócrates (460-377 a.C.), que combinada con la tifoidea provocó miles de muertos. La fiebre amarilla llegó en 1840, a la que siguió la disentería y en 1903 azotó la epidemia de la peste negra o bubónica.

En Guatemala, la tragedia de los terremotos de 1917-18 se agravó con la llegada de la fiebre española (1918-20) y así, la cuenta sigue con pandemias mundiales hasta nuestros días: gripe H3N2 o fiebre de Hong Kong (1968); ébola, Sudán del Sur y Congo (1976); VIH/sida, África (1981); zika, Polinesia Francesa (2007); gripe H1N1 o fiebre porcina, China (2009); y covid-19, China (2020). En todos los casos, el contagio es viral, por malas prácticas en alimentación e higiene; virus que la ciencia debe identificar para poder crear la vacuna que permita neutralizar esa microscópica partícula infecciosa constituida por uno solo de los dos ácidos nucléicos, DNA o RNA, que necesitan de una célula viva para replicarse y, de paso, hacer daño, mucho daño.

Según Albert Bosch, presidente de la Sociedad Española de Virología, últimamente los virus han pasado de ser considerados subproductos de la evolución, a situarlos al centro de las teorías evolutivas sobre el origen de la vida en nuestro planeta. Por su parte, el profesor de Microbiología José Antonio López plantea la pregunta: ¿Son los virus el eslabón perdido entre el mundo inerte y los seres vivos?

Así las cosas, el covid-19 sorprendió a la humanidad en un momento de su evolución en que, haciendo gala de su desprecio por la naturaleza e irracional explotación de sus recursos, puso en grave riesgo la vida silvestre, el equilibrio del planeta y su propia existencia.

Actitud que poco difiere de la maldad de los virus, que requieren de un anfitrión para reproducirse y luego causar la muerte; en tanto el hombre, especie cumbre en la escala zoológica, por puritita ambición, le supera en perversidad. Ergo, el virus es al hombre lo que este al planeta; lo que lo convierte en el rey de los virus.

Sin embargo, también los hay con toque luminoso, tal el caso de Xabier Euzkitze, periodista vasco, quien interpreta el actual mensaje de la vida:

“Nos acostamos en un mundo y despertamos en otro diferente. De golpe, Disney ha perdido su magia, París ya no es romántica, Nueva York no se despierta, la Muralla China ya no es un baluarte y la Meca está vacía.

“De repente los abrazos y los besos se han convertido en armas peligrosas, y no visitar a familiares y amigos en un acto de amor”.

“Súbitamente nos hemos percatado de que el poder, la belleza y el dinero no valen absolutamente nada porque no pueden darnos ese oxígeno que tanto necesitamos”.

“Mientras tanto, la vida sigue y es hermosa. Únicamente ha recluido en jaulas al género humano y creo que quiere enviarnos un mensaje, es este: no sois necesarios. El aire, la tierra, el agua y el cielo están bien sin vosotros. Cuando regreséis, no olvidéis que sois mis invitados y no mis dueños”.