META HUMANOS

El semáforo

Imagina intentar cruzar la intersección entre la 6a. avenida y la diagonal 6, zona 10, a mediodía, al salir del trabajo o el hospital, donde el semáforo ha sido deshabilitado. A pesar de ser una vía principal, cruzar se convierte en una misión peligrosa. Hace un tiempo, algunos miembros del Comité Único de Barrio de la zona lograron que el semáforo se reparara, pero sorprendentemente fue deshabilitado de nuevo cuando se inauguró el paso a desnivel de la Guardia de Honor, a fin de acelerar el tránsito vehicular —cosa que tampoco sucedió—. Esta frustrante experiencia, más que un problema de tráfico es un reflejo de nuestros hábitos como ciudadanos y como servidores públicos.

La historia del semáforo deshabilitado es un símbolo de una lucha más grande y relevante para el futuro de todos en este país. Nos muestra que la queja ocasional y la participación individual descoordinada no es suficiente. Al mismo tiempo destaca una falla terrible en nuestras autoridades locales, que a menudo parecen desconectadas de las necesidades reales de la comunidad a la que se deben.

Guatemala requiere una participación personal y colectiva diferente: activa, coordinada y persistente. Requiere con urgencia el surgimiento de liderazgos más virtuosos para lograr cambios duraderos que nos ayuden a florecer en la mejor versión de nosotros.
Si bien la participación activa representa el vínculo esencial entre la teoría y la práctica, su eficacia se ve obstaculizada por nuestros hábitos y valores individuales. En nuestra cultura actual, la participación a menudo no refleja los intereses de la comunidad en su totalidad, sino que se inclina hacia los intereses de unos pocos. A mis 34 años puedo observar el panorama desolador de los espacios de participación que mi generación debería haber heredado —y enriquecido para todos—, pero que lamentablemente han quedado vacíos. La historia de nuestra colonización, independencia y democracia ha dejado una herencia compleja, tanto en gobernantes como en gobernados. Estos hábitos históricos a menudo no se orientan hacia el servicio a la comunidad a la que pertenecen y deben servir. En cambio, se inclinan hacia intereses particulares que, independientemente de la ideología política del momento, no benefician al conjunto de la sociedad, sino que se enfocan en servir a intereses propios.

' Guatemala requiere una participación personal y colectiva diferente: activa, coordinada y persistente.

Luciano Gil

El cambio que buscamos no está en el nuevo presidente, diputado o alcalde, sino en nuestros hábitos. Debemos reconocer nuestra responsabilidad individual y nuestra capacidad para marcar la diferencia en nuestro entorno. No se trata solo de señalar los problemas, sino de comprometernos activamente a ser parte de la solución. Es hora de informarnos, involucrarnos y participar en los espacios disponibles, ya sean locales, departamentales o nacionales. La verdadera transformación comienza con la decisión personal de actuar, de ser un miembro de esta comunidad a la que pertenecemos de manera consciente y comprometida.

Para cualquiera que aspira a tener una vida más digna y plena, la participación activa no es solo un derecho; es un deber. Y el camino hacia una sociedad más justa y próspera comienza con los hábitos que practicamos y heredamos, desde nuestros padres hasta nuestros hijos.

El reto para las generaciones que convivimos en la coyuntura actual es participar desde donde estemos para resguardar la voluntad soberana del pueblo, la institucionalidad democrática y el estado de Derecho, como mínimos esenciales y condiciones vitales para vivir en libertad y potenciar nuestra capacidad de prosperar.

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