Miramundo

El término República como recurso de mercadeo

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Escuchar al presidente del Congreso, Allan Rodríguez, en sus discursos y evocaciones sobre la República nos da chance para tres opciones, la primera, hay mucho cinismo; la segunda, desconoce qué es el término República, o la última, se metió al juego de hablar de República pero negar todo su contenido, es decir, la usan como instrumento de mercadeo para engañar, sorprender y, sobre todo, dicho en buen guatemalteco, babosear.

Una República se caracteriza por ser el sistema de gobierno donde existen instituciones que controlan el poder, mientras más eficiente es el control del ejercicio del poder, más garantizada está la libertad de todos nosotros, y además el poder es depositado en legítimos representantes cada cierto tiempo. El dueño del poder es el pueblo y los representantes son depositarios, no más. En estos temas me gusta citar a Don Diego Valadés, gran constitucionalista mexicano, quien nos explica: “si la debilidad constitucional dio lugar a los hombres fuertes, la irregularidad constitucional está propiciando poderes encubiertos. Llamo irregularidad al fenómeno que se traduce en la coexistencia de normas dotadas de plena eficacia con otras cuya aplicación meramente formal está condicionada por procesos políticos. En general, en el ámbito del constitucionalismo democrático, no se discute acerca de la vigencia de las libertades públicas, pero sí cuestiona la aptitud de las instituciones para controlar el ejercicio del poder, que en última instancia representa el riesgo para las libertades públicas”.

En 200 años de República formal, ¿en abril del 2021 tenemos instituciones maduras?, y acá dejo tres puntos para el análisis, dedicado a quienes les fascina hablar de República pero con sus hechos la destruyen: 1. El máximo control de poder ejercido por el Congreso sobre el Organismo Ejecutivo es la interpelación. La junta directiva del Congreso y la mayoría oficialista boicotea la interpelación del ministro de Gobernación, a pesar de que bajo su mando directo se cometieron acciones puntuales en contra de la población que pacíficamente protestábamos en la Plaza de la Constitución. Esta es una muestra de la burla al sistema republicano porque, por miedo o por inercia de impunidad, se impide la realización de un legítimo mecanismo de control.

2. La elección de magistrados de la Corte de Apelaciones y tribunales similares, así como de la Corte Suprema de Justicia, es el máximo control del Congreso hacia el Organismo Judicial. De forma dolosa, la Junta Directiva y la mayoría parlamentaria no elige magistrados y burla órdenes de la Corte de Constitucionalidad. Ninguna República, medio seria puede dejar de elegir magistrados de la forma en que acá se ha hecho. 3. El Congreso está conformado por diputados electos de forma libre. Todos los diputados son nuestros representantes; sin embargo, su legitimidad se mantiene o pierde de acuerdo a sus actos. No puede existir ninguna legitimidad republicana cuando en una mayoría parlamentaria está integrada un partido como la UCN donde su dueño es un narco confeso, preso en los Estados Unidos, pero sobre todo cuando conspiraba para el asesinato de Thelma Aldana porque era precandidata presidencial y de dos fiscales que hacían su trabajo. Negar el vínculo de UCN con estructuras mafiosas es tapar el sol con un dedo y, mucho ojo, porque a la fecha hace cogobierno.

La República se defiende y se construye, no se le menciona en discursos vacíos para engañar a incautos y cuerudos. Estamos viviendo lo que el autor mexicano nos dejó escrito, la auténtica madurez de poderes encubiertos dentro del sistema de gobierno y, si bien menciono a la UCN, hay otras organizaciones del mismo cuño que no son democráticas y menos republicanas lesionadoras constantes del sistema de control del poder.