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El TSE debe ser más serio

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Después de estas elecciones ha quedado un muy mal sabor de boca en los guatemaltecos, esa sensación de incertidumbre que provocó el mal trabajo del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que, se suponía, gozaba de una reputación intachable y a toda prueba, por su trayectoria, origen y antecesores, que sentaron un precedente de honorabilidad a toda prueba. ¿Dónde quedó? Hoy las cosas cambiaron 180 grados. Solo se percibe un Tribunal lleno de esqueletos en clóset que han generado un escepticismo generalizado sobre su trabajo.

Sin lugar a duda estas elecciones han sido las más “opacas” desde el inicio de la época democrática, y a todas luces en la ciudadanía se percibe falta de credibilidad, que va desde el sesgo de unas reformas hechas a la medida para ciertos candidatos hasta leyes estructuradas con una estulticia indigna para profesionales del Derecho.

El mismo día de las elecciones empezaron a circular videos de supuestos fraudes. Obviamente al momento de digitalizar los resultados empezó la idea de que las actas podrían haber sido alteradas en sus resultados. Es inadmisible tolerar fallos en un proceso electoral de esta índole. Muy conveniente crucificar a los encargados de programación y lavarse las manos los magistrados antes de responder ellos mismos por sus propios errores. Esta negligencia es responsabilidad exclusiva de los magistrados del Tribunal Supremo Electoral y de nadie más.

Todo este proceso electoral no tuvo desde su inicio la transparencia necesaria, hubo fallos evidentemente sesgados, dictámenes que no lucían imparciales, que crearon incertidumbre desde que comenzaron las inscripciones de los candidatos. Los criterios de estos magistrados dejan mucho que desear, preferencias para unos y rechazo para otros.

Ahora, encima de todo, resulta que las sumatorias no cuadran, hay datos duplicados y otros problemas que son una vergüenza, no para el jefe de informática, que es un empleado, sino para esos magistrados, que son los directamente responsables de todo este problema que ha surgido. Y ya no les luce darse baños de pureza ante la población, o agarrar a un chivo expiatorio para hundirlo y echarle la culpa de sus catastróficos y mediocres errores.

A más de 15 días de este proceso, los magistrados del TSE han sido incapaces de resolver los problemas que ellos mismos crearon, habiendo contratado una empresa ineficiente que era supuestamente experta en sistemas. Esta situación luce rara.

Hasta acá se maneja como simples errores informáticos, pero otro grupo asegura que hubo fraude y manipulación de datos. Cosa que jamás había ocurrido desde la creación del Tribunal Supremo Electoral, que supuestamente era garante de una limpieza, trasparencia y certeza de un proceso electoral.

Por esto cualquiera puede pensar en un fraude, y ¿quién lo puede culpar? En fin, si al menos hacen una investigación, con un ente externo, estoy segura de que se llegará al fondo de las cosas. Pero si no es así, nadie puede quitarle de encima a estos magistrados haber actuado de una forma negligente e irresponsable, y aun con esto salen ganando.

Aún así, para tener credibilidad y recuperar su prestigio, si se investigaran a fondo los errores y fallas que se cometieron en este proceso, dando un dictamen bien fundamentado, con pruebas que sustenten su argumento, podrían salir bien parados. Explicar claramente el origen de los supuestos errores y discrepancias entre actas y datos digitalizados. Pero para esto se requiere presión ciudadana que les obligue a explicar desde el inicio, paso a paso, empezando por qué aprobaron unas reformas a la LEPP mal hechas. Es obligación de este tribunal esclarecer los hechos y recuperar la buena reputación que tenía.