Con otra mirada

Elección Colegio de Arquitectos

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

Luego de dos rondas de votación llevadas a cabo el 14 y 28 de octubre recién pasado, los arquitectos de Guatemala eligieron nuevas autoridades para la Junta Directiva y Tribunal de Honor de su colegio profesional.

En Guatemala, la arquitectura no es nueva. Ha existido desde que sus primeros habitantes ocuparon la costa del Pacífico y desarrollaron la cultura olmeca, dejando el testimonio de centros ceremoniales y rutas comerciales. La civilización maya, de tierras bajas de Petén, dejó ciudades, palacios y templos ricamente decorados; calzadas, patios para el juego de pelota y plazas con marcadores y estelas, como monumentos conmemorativos a hechos y personajes. De la arquitectura doméstica subsiste el rancho como solución atemporal. Esas culturas abarcaron el amplio período del año 1000 aC al 1500 dC.

De 1524 a 1821 prevaleció la arquitectura traída del viejo mundo, expresada según los períodos culturales correspondientes: renacentista, barroco y neoclásico. Durante el primero fueron creados todos los pueblos y ciudades que conocemos, levantados sobre poblaciones indígenas. Algunos templos católicos, en particular, se construyeron sobre templos precolombinos, de donde deviene ese rico sincretismo religioso que subiste como muestra de resistencia pacífica ante la imposición extranjera. De ese período colonial cada día desaparecen valiosos inmuebles ante la vorágine comercial, ausencia de planificación, ignorancia y desprecio a su valor como fuente de identidad cultural, pese a la existencia de una ley de conservación.

En ambas etapas hubo arquitectos —maestros de la construcción— que dominaron su arte, reconocidos por el conocimiento y manejo de los materiales y sistemas constructivos. La formación profesional universitaria vino después.

A finales del S.XIX, derivado del auge económico del cultivo del café, llegaron de Europa arquitectos, pintores y escultores. En la primera mitad del S.XX, algunos guatemaltecos estudiaron en Francia, España, México y Estados Unidos, y al regresar, en 1958 fundaron la primera Facultad de Arquitectura en Centroamérica (Usac). Al graduarse el primer arquitecto, Hermes Marroquín (1963), fue creado el Colegio de Arquitectos de Guatemala, de acuerdo a la Ley de Colegiación Obligatoria. Hoy somos más de 6,500, y de pocos años atrás el Colegio cobija a más de 800 diseñadores con grado de licenciatura. Es decir, un universo de cerca de 7,300 electores.

Durante la primera vuelta electoral fueron emitidos 764 votos, distribuidos entre las tres planillas participantes, nulos y en blanco. En la segunda vuelta, con los finalistas, se emitieron 820. La planilla Integridad ganó el Tribunal de Honor, con 416 votos contra 412 de Puesta en Valor; en tanto esta última ganó la Junta Directiva con 415 votos contra 413 de Integridad.

Los votos emitidos corresponden al 11.23% del universo de electores. El suscrito presidirá la Junta Directiva, electo por la mitad, lo que es legítimo, aunque nada representativo y poco alentador, frente a la indiferencia de la mayoría de colegas a quienes parece no interesar el devenir de la arquitectura y la responsabilidad de los arquitectos en la conservación y desarrollo de nuestro rico y bello país.

Sin embargo, llego acuerpado por un equipo con formación en un amplio espectro de nuestro quehacer profesional, administrativo y político. Eso permite augurar éxito en el cumplimiento del plan de trabajo esbozado, que incluye recuperar los espacios perdidos en la gestión pública, estimular la capacitación profesional de los agremiados, fortalecer la representación del Colegio en las subsedes diseminadas en todo el territorio nacional y apoyar a los diseñadores en la creación de su colegio profesional. Serán dos años arduos que confío también sean positivos.