Con nombre propio

Elecciones, derecho y tachas

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Se celebraron elecciones, unos con esperanza y otros con congoja emitimos el sufragio. Los casos de anomalías fueron puntuales y en cuanto a la mecánica de votación el proceso se llevó a cabo sin mayores objeciones. El rechazo de las candidaturas presidenciales de Thelma Aldana, Zury Ríos, Mauricio Radford, Edwin Escobar y Mario Estrada son dignas para un estudio sobre cómo la ley se interpreta en estos sitios y, por supuesto, depende en buena medida de las fuerzas políticas detrás de quien litiga. En los cinco casos hay mucho que debatir y es obligado para la comunidad jurídica hacer el intento o los antecedentes servirán para que cada cuatro años la incertidumbre reine sin chistar.

La “democracia electoral” sacó la tarea formal, pero deja daños a la democracia real. El uso del aparato estatal para armar casos y evitar participaciones, o a la inversa, el uso del mismo aparato para conseguir finiquitos por medio de acciones judiciales, muestra a nuestro “Estado de Derecho”, y si a esto le agregamos la piñata oficial para conseguir votantes por medio de dinero y trinquetes fluorescentes, la situación es patética.

Las instituciones, es decir, los tres organismos del Estado, más el Ministerio Público, la Contraloría General de Cuentas, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad tendrán que responder a la historia sobre sus acciones u omisiones; sin embargo, asusta aún más un electorado al que al parecer le importa muy poco la vida y el narcotráfico.

Dejemos fuera, para efectos de estas líneas, lo señalado a las dos principales candidaturas presidenciales porque en buena medida están donde están porque ambos tienen 20 o más años de jugar política y de estar, de una u otra forma, dándose a conocer. Como sociedad nos debe llamar mucho la atención que la UCN es la bancada mayoritaria, fuera de los dos partidos que disputarán el Ejecutivo, que era lógico llevaran sus diputados al conseguir votos disciplinados.

No es ningún secreto que la mayoría de partidos tienen dueño, que son estructuras únicamente electorales y responden a intereses personales. Por eso, luego de que Mario Estrada fuera capturado en Estados Unidos por la agencia antinarcóticos, y ahora enfrente juicio en Nueva York, se hayan establecido planes criminales en contra de dos fiscales del Ministerio Público y Thelma Aldana, se haya evidenciado que el propio presidente de la República y su séquito estuvo en casa del cacique de UCN, junto a agentes gringos infiltrados en carteles mexicanos de droga, compartiendo un almuerzo y que, como legado de este gobierno, en nuestro territorio sea parte del paisaje el aterrizaje de aviones “clandestinos” cargados de drogas, sin que el Ejército haga algo e incluso cuando se logra llegar a los sitios de aterrizaje tanto la Policía como el Ejército procuran pasar el tiempo y así olvidemos el asunto porque la droga está ya en el mercado; que la UCN logre 12 curules, dos de ellas por lista nacional y el resto por distritos, que van desde la frontera con México a las fronteras con El Salvador y Honduras, al lograr adjudicaciones en Escuintla, Suchitepéquez, San Marcos, Huehuetenango, Zacapa, Chiquimula, Jalapa y Jutiapa, es para creer que es difícil si tenemos futuro.

Mario Estrada negociaba un financiamiento de un cartel mexicano de droga para su campaña, millones de dólares en efectivo pretendía para matar a gente molesta y pagar gastos electorales, y aún así buena cantidad de ciudadanos confiaron la cosa pública a la UCN. Quienes ganaron no tienen responsabilidad penal, sin duda alguna, pero sí tienen harta responsabilidad política. Nuestra sociedad está enferma, ojalá puedan existir remedios. Si la UCN no tenía tacha, dudamos exista alguna, acá el crimen paga, y paga en buena medida, también con votos.