De mis notas

Elecciones USA: distopía y polarización

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

El presagio no es de agoreros atribulados, es más bien la observación de alta crispación del ambiente político y social que se está dando en la tierra del Tío Sam.

Se acercan las elecciones, y la polarización política y social es de bandera y pancarta; de activismo radical cargado de hostilidad y rabia. La tensión es palpable en el ambiente, las redes sociales explotan de mensajes y llamados al saqueo; y la diatriba es cada vez más ofensiva y radical.

Según un estudio del Instituto Cato, de enero de este año: “El 62% de los estadounidenses tiene opiniones políticas que teme compartir. El 50% de los demócratas fuertes apoyan despedir a los donantes de Trump; el 36% de los conservadores fuertes apoyan despedir a los donantes de Biden, y al 32% le preocupa perder oportunidades laborales debido a sus opiniones políticas”.

Desde que surgió el movimiento Black Life Matters, Antifa y otros grupos de corte radical, el discurso ideológico está más cargado que nunca de mensajes anti-Trump. La narrativa sobre racismo, discriminación, aborto y matrimonio gay son temas reiterados en la mayoría de los discursos radicales. Se estima que los daños causados por disturbios y saqueos en los EE. UU. —después de la muerte de George Floyd— son los más costosos en la historia de los seguros: entre US$1 mil millones y US$2 mil millones. ¿Qué se puede esperar ahora?

Todo apunta que estas elecciones se dirigen a una crisis constitucional. El sistema electoral estadounidense es complejo. Los votos del colegio electoral son los que al final eligen al ganador, no la cantidad de votos. En la última elección, Hillary Clinton obtuvo más de un millón de votos que Trump, pero fue este quien ganó la mayoría de los votos electorales.

La posibilidad de reclamos de ambos partidos es de una predicción de casi absoluta certeza, porque contrario a la organización de la mayoría de los sistemas electorales del mundo, que son manejados por agentes externos a los partidos, en los Estados Unidos son los partidos los que las manejan. Si le añadimos el problema que los votos por correo tienen que ser contados por los partidos mismos, la tormenta política es perfecta.

Según las encuestas actuales, Biden aventaja a Trump por 8 puntos. Si por alguna razón los resultados los ponen demasiado cerca, “la evolución” de los resultados se convertirá en una “revolución” por los resultados.

Como observador distante, puedo ver una crisis en la cual hasta la Guardia Nacional podrá ser llamada a poner el orden, lo cual a su vez generará efectos imprevistos de desobediencia civil. Nunca ha estado el Tío Sam en semejante predicado.

El político y humanista Thomas More sostenía en su obra Utopía, publicada en 1516: “Una comunidad perfecta; caracterizado por la igualdad social, la fe religiosa, la tolerancia y el imperio de la ley, combinando la democracia y la obediencia general a la planificación racional del gobierno”. “La distopía es lo opuesto. Mientras la utopía imagina un mundo donde las doctrinas se acoplen de manera armoniosa en el funcionamiento de las sociedades, la distopía, por su parte, toma la base del planteamiento utópico y lo lleva a sus consecuencias más extremas. De allí que planteamientos utópicos disciplinantes, que a primera vista podrían parecer sistemas ideales, en la distopía se convierten en realidades indeseables, donde las doctrinas erigen sistemas totalitarios, injustos, espantosos e insoportables. La distopia es pues la antítesis de la utopía de More”.

Más del 70 por de los profesores de las principales universidades son demócratas. El de la prensa es 8 a 1. Habrá alguna correlación distópica.