Registro akásico

Escasos los santos en la iberoesfera

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

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La guerra fría ha terminado en Europa. No con el derribo del muro en Berlín, sino al dejar atrás, en el pasado, a la represión de la libertad de expresión y organización opositora. En el continente se constituyeron órdenes políticos que hicieron sufrir a sus respectivas sociedades, dos regímenes de control total de la actividad pública y privada: el fascismo o nazismo, así como el stalinismo, que reclamó y tergiversó el pensamiento marxista. Al nazismo se le condenó ampliamente. En Alemania hubo una prohibición de reorganización, así como realizar estudios o declaraciones negando la persecución de los judíos europeos. En Italia, los fascistas abandonaron el corporativismo y se apartaron convenientemente de la alabanza del linchado Mussolini. Sus herederos del Movimiento Social Italiano se contentaron con inscribirse en el nacionalismo y el respeto al sacrificio de la juventud en la Segunda Guerra Mundial.

La proscripción a los regímenes de partido único acompañados de prohibición de oposición política abierta se quedó corta. Durante la Guerra Fría se toleró la promoción del estalinismo. En la izquierda hubo pocas excepciones para desmontar el concepto de dictadura del proletariado, metáfora desafortunada de Marx, justificante de la falta de libertades extendida en los regímenes comunistas.

Varios años después de la disolución de la Unión Soviética se esperaba una posición clara sobre el estalinismo. El 18 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo aprobó como propuesta de resolución común una condena a la propagación de ideologías totalitarias. Todos los 23 de agosto serán el día europeo conmemorativo a las víctimas del estalinismo y del nazismo. Un contenido importante será proscribir la negativa al holocausto judío. Además, el 25 de mayo será el día internacional de los héroes de la lucha contra el totalitarismo.

La pandemia privó de un reconocimiento mayor a esta decisión. Sin embargo, la derecha ha comenzado a tomar ventaja de la resolución 2019/2819 (RSP) de la Unión Europea. La llamada carta de Madrid reprueba el avance del comunismo en la iberoesfera. El exalcalde de Caracas, Antonio Ledezma; el líder de Vox, Santiago Abascal, con otros dirigentes de esa agrupación; Jair Bolsonaro, diputado federal, hijo del presidente brasileño; y Zoe Valdés, escritora cubana, firmaron el 26 de octubre pasado.

La izquierda debiera abandonar rápidamente un programa de cambio donde no proscriba la represión de las libertades. Pensadores comunistas como Umberto Cerroni, los socialistas y social revolucionarios siempre criticaron el régimen de partido único. Sin embargo, es difícil vencer a la inercia. Todavía más, en países como el nuestro.

En Guatemala, la perversión democrática de un régimen basado en el fraude electoral vacía de contenido a la repulsa del totalitarismo. Existe un partido comunista de internet, anclado en la mitad del siglo pasado. Los comunistas del gobierno de derecha continúan con su fervor a las posiciones agotadas de la fenecida Academia de Ciencias de la URSS y alaban santones del supuesto estadio feudal en nuestro país. Son integrantes connotados del grupo Pelosi, donde venden la soberanía exigiendo la intervención norteamericana en los asuntos internos. Estas posiciones trasnochadas se explican por las canonjías que reciben del Gobierno y oenegés manejadas por la CIA. También colaboran para evitar la actualización de los grupos socialistas, socialnativistas y socialistas revolucionarios, pues evitan la formación de una ciudadanía crítica favorable a un nuevo bloque histórico.