Civitas

Exijamos comportamientos virtuosos

Andrea Monzón

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Muchos hablan de que Guatemala ha despertado nuevamente porque desde el 2015 no se veían las manifestaciones en las que miles de ciudadanos han participado en las pasadas semanas y han expresado su inconformidad a distintos temas.

Lo que no termino de comprender es por qué necesitamos como ciudadanía que exista un detonante para que reaccionemos y exijamos cambios. La aprobación del Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el 2021, con altos niveles de deuda y elevados gastos de funcionamiento, fue la acción que desató el malestar generalizado en la población. Considero que una ciudadanía responsable no debiera necesitar “despertar”. Simplemente nunca debiera quedarse dormida.

Es riesgoso que los cambios se exijan sin un adecuado y profundo análisis de lo que requiere el país. Las agitaciones sociales descontroladas pueden llevar a propuestas de reformas peligrosas, que después solo causen una crisis institucional aguda. Lo hemos visto en otros países latinoamericanos y es algo que debemos evitar en Guatemala. Las reformas son mucho más sanas cuando se basan en objetivos claros y las propuestas se presentan luego del análisis, discusiones informadas y participativas. La estabilidad institucional es clave para un país como el nuestro.

Con eso no digo que nos quedemos callados o desaprovechemos esta alza ciudadana. Por el contrario, ahora es cuando debemos promover reformas realmente estructurales. Para mí, una reforma indispensable es la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Debemos ser constantes en exigir comportamientos virtuosos de nuestros representantes y esto lo lograremos de mejor manera cuando nosotros, como representados, estemos mejor informados de quiénes son ellos. La crítica directa por parte de los ciudadanos será efectiva si conocemos quién nos representa y así podemos supervisar su accionar. Es necesario tener un sistema electoral que sea capaz de reducir las brechas entre representantes y representados, que permita una mayor participación y brinde espacios para que guatemaltecos con visión de cambios positivos, con propuestas de mejora y con intereses legítimos de país (no intereses de enriquecimiento particular) participen en política.

Me agrada ver que muchas caras jóvenes son las que manifiestan su inconformidad, que reclaman el descaro del comportamiento de ciertos funcionarios públicos y que piden cambios. A esos jóvenes los felicito y los exhorto a seguir con ese ánimo, porque solo siendo perseverantes en lo que buscamos lograremos pasar de la protesta a la propuesta, y por supuesto, a la acción. Ya no debemos permitir que los partidos políticos solamente sean vehículos electorales que responden a grupos e intereses particulares, porque estando a tres años de unas nuevas elecciones, tenemos el tiempo suficiente para informarnos por qué el sistema no ha funcionado en el pasado, cuáles debieran ser las propuestas de reforma que nos permitan subsanar sus debilidades y exigir que se aprueben. No se vale seguir pensando que “siempre ha sido así” o que “la política es sucia”. Todos tenemos una corresponsabilidad como guatemaltecos de alcanzar una “nueva normalidad”, término que se ha vuelto tan popular en los últimos meses. Que esa “nueva normalidad” sea un país que exija comportamientos virtuosos de sus funcionarios, que sea políticamente inclusivo y realmente representativo.