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Falleció un baluarte del reformismo

En el IV Festival Mundial de la Juventud, celebrado en 1953, en Bucarest, Rumania, se hizo una procesión hasta con anda. El estalinismo dominaba en el movimiento comunista. Allí se encontraba, después de visitar Moscú, como representante de la Alianza de la Juventud Democrática, Edelberto Torres Rivas (*1932 +2018). Había cerrado currículum en 1952, en Ciencias Jurídicas y Sociales, encontrándose pendiente de presentar la tesis de grado. Tardó unos meses en volver al país, así que en 1954 la contrarrevolución lo obligó a radicarse en México.

Continuó coordinando las labores de la alianza comunista, pero en 1956, al establecerse la política de coexistencia pacífica, perdió su cargo. Resintió la carencia de ayuda económica, vendía tejedoras caseras y se distanció de sus camaradas. Al volver al país en 1962 presentó como tesis Las clases sociales en Guatemala, estudio que había preparado durante esos años de exilio, para orientar el trabajo político. Intentó trabajar como abogado, pero no mejoró su situación económica.

En 1964 recibió una beca en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), sita en Santiago de Chile. En 1965 se tituló de Maestro en Sociología. Radicó en Chile al lograr una plaza de profesor en el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (Ilpes). En ese puesto obtuvo una beca en la Universidad de Essex. Se graduó en 1970 como Ph. D. on Development. Además publicó Procesos y estructuras de una sociedad dependiente: El caso de Centroamérica.

Tuvo una estancia en la Unam y fue escogido en 1972 por el entonces Consejo Superior Universitario de Centroamérica (CSUCA) para dirigir el Programa Centroamericano de Ciencias Sociales, bajo patrocinio de la Fundación Friedrich Ebert, socialdemócrata. Como dependentista regional, recibía becas para Europa, África y Sudamérica.

En 1974, un grupo de sociólogos cedió a las presiones del Departamento de Estado bajo Henry Kissinger, para condenar a la teoría de la dependencia. Patrocinado por la Ford, Edelberto promovió el XI Congreso de ALAS, para encender la pira. De nuevo se desdijo de sus anteriores tesis y se distanció de amigos. En 1984 fue de los fundadores del Instituto Centroamericano de Administración Pública; ahora, tiene una sucursal en Cayalá. En 1985 prologó el libro del dirigente del PSD, Mario Solórzano. Además, con el entonces democristiano Gabriel Aguilera Peralta, creó el Instituto Centroamericano de Documentación e Investigación Social (Icadis).

Valoraba a los militares hondureños promotores de una reforma agraria y estaba en contra de los movimientos político militares de ese tiempo. No solo de palabra. Fuentes Knight le atribuye la cita: La manera de ser revolucionario hoy en día es ser reformista.

Luego de la quiebra financiera del CSUCA, se integró al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En 1988, bajo su coordinación, salió Guatemala: los contrastes del desarrollo humano. Oficina donde terminó sus días. Su posición política se expresa en el partido Semilla.

Era intolerante con los revolucionarios marxistas, aunque respetaba los hechos. Recordar esto no lo convierte en villano, pero tampoco en héroe de la democracia y mucho menos del socialismo revolucionario.
Recibió insultos por su poca habilidad de diálogo. Se le defendió en esta columna, en honor a su labor académica: autor de más de 13 libros, analista y docente. No importan sus esfuerzos para quitar trabajos, vetar consultorías o cerrar el paso de los podios bajo su control. Quede cada cual en su campo. Y, para los que mueren, descansen en paz.