Con nombre propio

Filgua, un evento de todos

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Los guatemaltecos no nos caracterizamos por nuestro hábito de lectura y tampoco por coincidir en un mismo espacio distintos pensamientos, y nuestra Feria Internacional del Libro (Filgua) es de los pocos espacios para ello.

Eventos culturales masivos son escasos y la feria es un logro. Filgua empezó con este siglo. Son miles de visitantes, sobre todo jóvenes, quienes acuden en busca de conocimiento y entretenimiento. Libros para todos los gustos son puestos a disposición y eso no es poca cosa, porque en nuestro medio la intolerancia funciona como regla y la represión a la expresión como constante. Filgua es un oasis para la bibliodiversidad y su actividad se complementa con foros, lecturas, mesas de discusión, videos, etc.

Como si nuestro país no tuviera suficientes conflictos, la Filgua se lleva a cabo dentro de una contienda entre sus organizadores naturales, es decir, quienes están detrás de las editoriales y la Cámara de Industria.

En la Cámara de Industria estaban asociadas —como gremial— las principales casas editoriales y, de acuerdo a lo que ellas mismas señalan en acta del 3 de octubre del 2017, por la falta de colaboración de las autoridades de la Cámara de Industria decidieron separarse de dicha entidad y así la gremial quedó sin integrantes. Cuando estaban en el seno de la Cámara de Industria hasta el 2017, la Filgua se celebraba aparentemente sin conflicto, porque la gremial era la promotora.

La Cámara de Industria pretende el uso exclusivo de la marca Filgua porque al inicio del siglo no existía la asociación que ahora solicitó el registro de la marca, cuyos integrantes estaban en la gremial de editores. Si Filgua era un activo importante de la Cámara de Industria, quién sabe por qué del 2000 al 2017 jamás registró la marca, y ahora que lo hacen las casas editoriales que estaban asociadas en ella muestran un conflicto, del cual la causa no se entiende, porque la Cámara como tal no edita libros ni representa ya a editoriales.

Se ha dicho que existe interés de algunos integrantes de la Junta Directiva de la Cámara de Industria para organizar la Filgua, esto me resisto a creerlo, es como si quienes hacen muebles estuvieran en la organización de actividades de productores de azúcar o si quien fabrica medicinas esté organizando congresos de vivienda. Filgua trascendió ya al interés económico de casas editoriales u objetivos de protección de Cámara de Industria para convertirse en uno de los pocos espacios de libertad con que contamos, donde, por ejemplo, en el mismo lugar conviven Marx, Keynes y Hayek, y a la vuelta del stand existen materiales de Norberto Bobbio o Ludwig von Mises, pero también para tropicalizar las diferencias y encontramos pláticas de José Barnoya, Francisco Pérez de Antón, Anabella Giracca, Armando de la Torre, Gustavo Porras Castejón, Edelberto Torres-Rivas, Rigoberta Menchú, Gloria Álvarez, Roberto Ardón, entre tantos otros.

Un espacio de libertad con nuestra polarización es de todos y la Filgua repercutió en el estrecho margen de nuestros espacios de cohabitación con que contamos, por eso debemos aprovecharla y fortalecerla, más allá de diferencias personales o institucionales. Desde nuestro punto de vista, la feria la deben organizar quienes editan y venden libros y así cada quien decide qué leer, es lo lógico, conocen el mercado y a los lectores. La libertad de emisión del pensamiento es la más sagrada conquista del mundo moderno y constituye el fundamento de la República y la democracia, esperemos que las diferencias individuales se superen y se ponga, sobre todo, el interés por adquirir conocimiento sobre pleitos particulares, la Filgua es más que una oportunidad de lucro para convertirse en un espacio de confluencia, entendimiento, debate y diálogo.