Cable a tierra

Filgua y la literatura indígena

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Se acerca la 16 edición de la Feria Internacional del Libro (Filgua), que se realizará nuevamente en el Forum Majadas, zona 11, de la Ciudad de Guatemala, del 11 al 21 de julio. Este año, declarado por la Unesco como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, la Filgua está dedicada al gran poeta k’iche’ Humberto Ak’abal, quien falleciera a finales de enero de este año. Escribiendo esta columna recordé las noches en que leía sus poemas a mis hijos. Los sacaba de una hermosa antología de Irene Piedrasanta que se llama Entre patojos. Me gustaba leérselos porque eran poemas cortos y fáciles de entender para los niños; llenos de una exquisita simpleza y abundantes en cotidianeidad pintada con una dulzura prodigiosa.

“Cuando la noche es fría, los tecolotes encienden luciérnagas para calentar sus patas”.

“El grito del trueno fue tan fuerte, que se asustó el cielo, y la lluvia comenzó a llorar”.

Es una tristeza que su hermosa poesía no sea más conocida. Tanto racismo nos vuelve ignorantes, incapaces de apreciar los tesoros culturales que se han forjado en este país a pesar del maltrato, la subyugación y la exclusión que vive la población indígena. Escribir cosas así requiere una capacidad para elevar el espíritu sobre la vileza y transmutar la injusticia con su caudal de palabras. Ak’abal lograba eso: “Me duele, me duele la miseria, la pobreza. Cómo quisiera ser un pedazo de trapo y servir, aunque sea de remiendo”. “En este país pequeño, todo queda lejos: la comida, las letras, la ropa…”

Su obra debería estar en el canon de lecturas mínimas que todo estudiante debería leer antes de graduarse. Bueno, si es que eso aún existe en el deteriorado sistema educativo del país. Ante este déficit, Filgua pone cada año más atención a tener una amplia gama de actividades dedicadas a niños y jóvenes. Ojalá les permita familiarizarse con la obra de Ak’abal.

La Filgua de este año está dedicada también a la producción cultural y literaria del estado de Chiapas, México. Allá se reconocen oficialmente 12 idiomas indígenas y hay un esfuerzo explícito del Estado por revitalizar su uso y reconocer sus aportes a la cultura chiapaneca. ¡Pronto sabremos más sobre su literatura, gracias a la encomiable labor de la Gremial de Editores y de la Universidad de las Ciencias y Artes de Chiapas!

Chiapas y Guatemala son como dos hermanos gemelos separados por la historia y por fronteras artificiales que este año se abaten por unos días durante la Filgua, para que nos sentemos como los antiguos, a compartir palabras, versos, historias e idiomas. ¡No habrá muro capaz de impedir tal reencuentro, ni siquiera el corazón de piedra que habita más al norte será capaz de cortar el hilo rojo que une a los pueblos mesoamericanos!

Este año tuve el privilegio de conocer y recorrer parte de Chiapas. Su territorio, aún muy verde, sus hermosas y bien conservadas ciudades, lo dejan a uno extasiado. Inevitable que se asome un poco de tristeza al ver que lugares como Xela y Antigua caminan al revés, rumbo al deterioro.

Estando en Comitán de Domínguez descubrimos a la poeta Rosario Castellanos y la gigantesca trayectoria de esta mexicana-chiapaneca en la narrativa, la poesía y la diplomacia. Unos breves versos para muestra: “Esta tierra que piso es la sábana amante de mis muertos. Aquí, aquí vivieron y, como yo, decían: Mi corazón no es mi corazón, es la casa del fuego… quiero jurarlo aquí, amigos: otra vez, como la primavera, volveremos”.

¡Comitán, he de volver a visitarte! Mientras ocurre, tomo prestados otros versos de Ak’abal para decirte mi sentir: “En lengua K’iche’ no decimos adiós; sino katinich’ab’ej chik (volveré a hablarte)”.