A contraluz

Gallina en crema con loroco

Haroldo Shetemul @hshetemul

El 4 de abril fue un día complicado para el señor presidente. Primero tuvo que viajar a la Costa Sur para “supervisar” dos tramos carreteros. Pobrecito porque no hay especialistas en la materia y todo lo debe hacer él. Lo mismo ocurrió cuando supervisó la “apertura” del “libramiento” de Chimaltenango, término utilizado para no decir que inauguraba un tramo carretero en época en que la Ley Electoral prohíbe ese tipo de promoción de obras públicas. En fin, la cosa es que después de Retalhuleu, todo sudoroso, viajó a Jalapa porque Mario Estrada había estado insistiendo en que fuera a comer una deliciosa gallina en crema con loroco. Por supuesto, el festín incluyó bebidas espirituosas en un ambiente fraterno. ¿Es extraño que los servicios de inteligencia del Gobierno o del Ejército no supieran que desde el 2011 la embajada de EE. UU. calificó a la UCN, propiedad de Estrada, como de “ideología narca” y no le advirtieran al señor presidente lo incorrecto de esas juntas? ¿O no le importaba?

El señor presidente, confiando en su inmensa impunidad, quizá nunca pensó que esos vínculos oprobiosos le estallarían en la cara. La captura de Mario Estrada en EE. UU. ha tenido fuertes repercusiones, y una de ellas es por los vasos comunicantes que mantiene con el jefe de Estado. El ahora excandidato presidencial no solo pretendía financiar su campaña proselitista con dinero del narcotráfico, sino eliminar a dos de sus oponentes políticos. El pasado miércoles, Thelma Aldana afirmó que la DEA la alertó sobre que ella era una de las personas a las que Estrada quería asesinar. Dijo que había todo un entramado político que pretendía llevarla a la cárcel para que la ejecutara un presunto narcotraficante. Pero lo más fuerte que dijo Aldana es que el señor presidente pudo haber avalado el atentado en su contra.

Pero si eso no bastara, el señor presidente se enredó en una guerra de facturas para tratar de distanciarse de Estrada. El Periódico publicó una foto en la que se le ve junto al helicóptero TG-MEO cuando viajó a inaugurar una sede policial en San Marcos, el 23 de enero del año pasado. Esa nave es propiedad de Mario Estrada, y el en ese entonces ministro de Gobernación, Francisco Rivas, dijo que él había rentado otro helicóptero, pero el mandatario prefirió viajar en el aparato de su amigo Mario Estrada. El señor presidente contraatacó con fotos de facturas para desvanecer ese hecho; sin embargo, el exministro y el exdirector de la PNC, Nery Ramos, desmintieron con otras facturas. Es más, el propietario de la empresa aludida por el mandatario dijo que el helicóptero TG-MEO no le pertenece. El señor presidente perdió la batalla de la opinión pública por tratar de tapar el sol con un dedo, mientras atrás de él está el flamante helicóptero de Estrada.

¿Cómo entender que Marvin Mérida, amigo del mandatario, y Ernesto Degenhart, hermano del ministro de Gobernación, sean candidatos a diputados por la UCN, sino es por la afinidad entre el señor presidente y Mario Estrada? Y esos vínculos son los que podrían costarle caro al mandatario. Para muestra dos botones: la DEA evitó informar al gobierno guatemalteco de las pesquisas sobre Estrada. Basta ver el conflicto de intereses por las candidaturas mencionadas para saber que se habría filtrado la información. Otro hecho: el 24 de abril la subsecretaria para el Hemisferio Occidental de EE. UU., Kimberly Breier, se reunió con el presidente de Honduras y altos funcionarios de El Salvador en su gira por el Triángulo Norte de Centroamérica. Sin embargo, no visitó al señor presidente de Guatemala. ¿Sería un mensaje similar como cuando el exvicepresidente Joseph Biden pidió no hablar con Roxana Baldetti? Atrás de esta tragicomedia lo que se manifiesta es cómo el financiamiento electoral ilícito es la puerta abierta para que los criminales se infiltren en las estructuras del Estado.