Urbanismo y sociedad

Guatemala vive entre problemas de pandemias, ambientales y sociales

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

Las desigualdades afloran cuando Guatemala se enfrenta a pandemias como el covid-19 y otros fenómenos. Este país tiene una larga historia de pandemias como la gripe española, que se produjo a principios del siglo XX y causó la muerte de entre 75 mil a 150 mil personas.
Guatemala fue, en el 2010, el segundo país más afectado por el cambio climático, en que cada vez son más comunes las sequías, deslaves o inundaciones como las recientes, donde cerca del 21% de su población vive en zonas afectadas por el riesgo climático, sin contar las amenazas por terremotos y otros desastres naturales y sociales, y las pandemias.

Con un sistema de salud deficiente, sin capacidad de frenar el covid-19 para atender a toda la población, solo las matemáticas están ayudando a enfrentar esta nueva pandemia, lo cual se resume en cuatro aportes para predecir mediante análisis de personas cómo se va a comportar este virus, y se les dividió en: S, susceptibles; I, infectados; M, muertos; y R, recuperados. El virus se quedará entre nosotros hasta que no salga una vacuna, así que no nos queda otra que prepararnos.

Un fenómeno geológico hizo que en 1976 Guatemala sufriera un terremoto, con 23 mil personas muertas, 77 mil con heridas graves y alrededor de 258 mil casas quedaron destruidas. Después de ese sismo se empezó a anarquizar todo lo urbano, cuando empezó la migración de las personas rurales a la capital, desde los municipios vecinos, apostándose en champas, en los parques.

Pero sería más adelante cuando se agravaron los problemas sociales violentos, con el conflicto armado interno, que dejó 200 mil muertos entre 1986-96, y una población rural que huyó de la guerra hacia la capital. Así fue como la ciudad de Guatemala fue creciendo en forma rápida y desordenada, sin reglas ni planes urbanos, formando grandes barriadas sin cultura urbana, que representa orden y disciplina. Estos son los que están obviando el estado de alarma y todas las regulaciones establecidas por el Ejecutivo, algunas de las cuales son el estado Calamidad, con toques de queda, restringiendo las agrupaciones y urgiendo que se queden en sus casas.

Como en el resto del mundo, cerraron fronteras; las escuelas y el transporte público se han suspendido, la mayoría de las empresas e instituciones privadas y públicas han tenido que cerrar sus operaciones. Pero aquí parece que no ha pasado nada y la mayoría de las actividades urbanas de la capital siguen, en especial la economía informal, que solo utilizan las mascarillas, pero no es suficiente, y están jugando a una avalancha de contagiados.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió de que la pandemia del nuevo coronavirus está empeorando en todo el mundo, principalmente en los países de América Latina, cuando en el mundo hay 4.69 millones de infectados y 315 mil muertos. Y está colaborando para asesorar a los países sobre las medidas para prevenir la propagación del brote.

La parte positiva es que ambientalmente se está limpiando todo. Ahora se ve más claro el cielo y todo se limpia. Además estamos configurando un nuevo modo de vida, de cómo aprender a trabajar a distancia y tener una mayor relación con la economía informal, que es la que se desplaza por todos lados.

Como conclusión, existe este concepto dramático: “Si el 99.9% de todas las especies han desaparecido de la Tierra, parece lógico pensar que este pueda ser el futuro inevitable de la humanidad, según los científicos atómicos (Reloj del Apocalipsis)”.