Alfred Kaltschmitt

Harris Whitbeck Piñol QEPD

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

El miércoles pasado, mi querido amigo Harris Whitbeck falleció tranquilo y en paz. El sábado anterior habíamos celebrado juntos la boda de nuestra nieta y sobrina nieta Melissa Whitbeck Kaltschmitt.

A Harris lo conocí hace 37 años, unas semanas después del 23 de marzo, cuando asumió el poder Efraín Ríos Montt. Era amigo del Dr. Carroll Behrhorst, cuya fundación en Chimaltenango estaba revolucionado la medicina tropical. Harris estaba activo con la fundación Amigos de las Américas en proyectos de desarrollo. Yo comenzaba a asistir a los desplazados por el conflicto armado en la región Ixil. Fue Harris quien la bautizó como el “triángulo Ixil”, porque Nebaj, Chajul y Cotzal, forman un triángulo en el mapa.

Un día nos reunimos con Steve y Ellen Elliot, misioneros del Instituto Wycliffe —quienes tenían 20 años de vivir en Nebaj traduciendo la Biblia al ixil—. Su perspectiva antropológica, su profundo conocimiento de la cultura y de la lengua ixil y su entrega y amor por los ixiles nos impresionaron a todos. En un viaje que hicimos a su casa en Nebaj nos dieron consejos para definir una estrategia de asistencia que cambió la historia del conflicto armado en el Ixil: “Los ixiles no creen en la guerra —decían con autoridad. “Han vivido entre dos fuegos desde hace tiempo. Solo quieren vivir en paz. Que se declare una amnistía y con unos cuantos grupos que se entreguen y se les respete, miles bajaran de las montañas. Hay que estar preparados para servirlos”, enfatizaron.

Sus consejos fueron proféticos. Ríos Montt, en los 504 días de su gestión, declaró, no una, sino tres amnistías. Pronto el campamento de la pista de ak Tumbal estaba saturado de refugiados. La guerrilla arreció los ataques a los transportes, para evitar el flujo de suministros. Harris fue determinante para organizar el programa de “techo, tortilla y trabajo”, que formarían parte después del programa “fusiles y frijoles”.

Siendo un veterano “ex Marine”, Harris entendía la estrategia militar, el contexto geopolítico dentro del conflicto este oeste; el papel que jugaba la teología de la liberación, y el enorme desafío logístico que implicaba asistir y reubicar a las miles de familias a sus aldeas. Su conocimiento y entrenamiento como ingeniero y constructor de grandes proyectos de infraestructura fue invaluable.

Diseñó un sistema de introducción de servicios básicos en las aldeas que se llevaba a cabo con precisión y eficiencia midiendo vertientes, calculando materiales, organizando la logística de transporte. Pronto decenas de aldeas volvían a la vida. Los paquetes de subsistencia mínima: semillas, utensilios de labranza, nylon para techo provisional y comida para varios meses, aseguró los asentamientos. Las patrullas de autodefensa, el conocimiento de sus territorios y de los habitantes, consolidaba la seguridad de la región.

Muy diferente cuando Ríos Montt tomó el poder el 23 de marzo. El conflicto armado tenía paralizada buena parte de occidente. Las carreteras tenían poco tráfico. La guerrilla hacía retenes en lugares inesperados. Guatemala estaba a punto de perder el control de su territorio.

En el juicio de Ríos Montt, Harris me dijo algo que todavía resuena en mi interior. Una verdad que tanto él como yo comprobamos personalmente: “La acusación de genocidio la basan haciendo invisibles a los hombres, mujeres y hasta niños, que eran combatientes…”

Harris incursionó posteriormente en la política. Tenía un sueño: Que la gestión pública fuese eficiente, transparente y profesional. La Ley del Servicio Civil fue su bebé. Hasta la fecha, la cleptocracia no la aprueba porque va en contra de sus intereses corruptos.

Hay miles de historias de Harris y de la huella profunda que deja. Esta ha sido una de ellas. Descansa en paz, amigo.