Fuera de la caja

Hasta siempre, Floro

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“Llegué a Guatemala. Nunca había estado. Llegamos con mi esposa con un carrito y un camión lleno de ilusiones y ansias para empezar una nueva vida. Pasamos la frontera y todo era nuevo para nosotros, nunca había visto tan impresionantes volcanes que se me dejaban caer desde las alturas. Yo venía de un destierro de Cuba y de dos estancias breves: una en Panamá y otra en El Salvador”. Estas palabras fueron escritas por Florentino Fernández para describir su llegada a Guatemala.
Nacido en Cuba en 1946, se terminó quedando 50 años. Florentino se convirtió en una leyenda para la industria publicitaria.
La definición de leyenda en Google da cuenta de lo siguiente: “Dícese de narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso adornado con elementos fantásticos o maravillosos”. De Florentino se dicen muchas cosas fantásticas y maravillosas, todas reales. Basta revisar su larga carrera en la industria publicitaria, pero, sobre todo, a su calidad humana.

Florentino —Floro para sus amigos— fue presidente de la Asociación General de Publicistas de Guatemala en el período de 1973 a 1974. Fue director de la Cámara de Agencias Publicitarias de Guatemala entre 1978 y 1979, y presidente de la Liga Nacional contra el Cáncer entre 1984 y 1986. Floro fue uno de los fundadores de Ugap, la Unión Guatemalteca de Agencias de Publicidad, pensando siempre en que la unión hace la fuerza, legado que sigue vivo después de cuatro décadas a través de comunidad. Fundó la agencia Publicentro, una de las más destacadas y reconocidas en la historia de la publicidad del país. Creador de grandes campañas, confesó que sus principales desafíos eran los que tenían que ver con la proyección social. Ideó estrategias de comunicación para Unicef y la Liga Nacional contra el Cáncer, pero sus retos preferidos eran los que tenían que ver con impulsar la educación. Estas eran sus razones: “Estoy convencido de que solo con educación podremos hacer de Guatemala una gran nación. Si todos nos comprometiéramos con la educación integral de Guatemala, nuestro cambio sería radical. Un país educado puede elegir y exigir a nuestros gobernantes hasta mejorar la economía, los servicios de salud y el bienestar de toda la población”.

Publicentro sobrevivió a un terremoto, asaltos a mano armada, incluso llegó a reponerse de una deuda millonaria asumida por la quiebra de un banco en su cartera de clientes. Estoy segura de que si salió adelante tantas veces fue gracias no únicamente a su tenacidad y trabajo arduo, sino porque siempre encontró una mano tendida en reciprocidad a su nobleza. Florentino fue ampliamente generoso. Un hombre cuyo paso por la vida de otros no pasó inadvertido.

Para escribir esta columna decidí preguntar a personas que tuvieron la oportunidad de conocerlo que lo describieran en pocas palabras y estas fueron algunas de las respuestas: “Un hombre justo”. “Un impulso en mi vida”. “Hombre de bien”, “Pionero de la industria publicitaria”. “Congruencia”. “El caballero de la publicidad”. “Siempre sonriente”, “Emprendedor honesto”. No puedo terminar sin mencionar y dar crédito a su compañera de vida, a mi amiga entrañable, la poeta Dina Posadas. Imposible separar la vida de Floro de la de Dina, mujer apasionada, honesta y sensible. Cierro con estas palabras compartidas por una amiga de ambos, una de las frases que mejor describen a Florentino: “Llenaba mi corazón de alegría la forma en que amaba a Dina, como esos amores de películas europeas antiguas, esos amores que probablemente estén escaseando”.