Urbanismo y sociedad

Importancia de la lucha contra el subdesarrollo

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

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El Dr. Fernando Monge, de Chile, explicó por medio de la metodología Conin cómo plantear la lucha contra el subdesarrollo, que partía de preservar el cerebro. Porque si no hay desarrollo cerebral, la pobreza se mantendrá, pues esta no es producto de la mala distribución de la riqueza, lo cual no es correcto. Porque estar fuera sin desarrollo cerebral acabaría en poco tiempo con una riqueza obtenida confusamente.

A mediados de la década de 1950, el Dr. Mönckeberg empezó a investigar la desnutrición infantil en Chile, que tenía los peores indicadores de la región. Hoy, el fundador de la Corporación para la Nutrición Infantil (Conin) se enorgullece en contar cómo en su país “la desnutrición es ínfima y ya no es un obstáculo para el desarrollo”. Y subraya la importancia de que exista una política de Estado para combatir la problemática del cerebro. Este crece en el primer año enormemente y logra alcanzar la mitad de su tamaño adulto a los tres meses de vida, y nunca más crecerá a este nivel en el transcurso de la vida. Por lo que los derechos humanos es el instrumento más importante para el desarrollo del capital humano. En Chile han sacado de la pobreza a 15 mil niños por este método. Hace 45 años la estructura infantil ganaba 400 dólares anuales; es decir 1.20 por día. El 1.8 por ciento ingresaba a la universidad. Hoy es el 47 por ciento. Los chilenos exportaban 500 millones; hoy, 85 mil millones.

En los primeros años de la vida, en este “período crítico” debido a las características del desarrollo cerebral, podemos intervenir positivamente en el nivel nutricional, pues la desnutrición infantil produce un daño del capital humano del país y, por lo tanto, en su desarrollo. Por ejemplo, tenemos el caso en Guatemala, que según Unicef un 34% de mortalidad infantil es el principal problema de la desnutrición crónica. En que las principales causas son la neumonía y las enfermedades diarreicas agudas, en que el 54% de estas enfermedades están asociadas a algún grado de desnutrición.

Los niños entre 7 y 14 años trabajan de distintas formas y llegaban en el 2018 a 396 mil 479 (según la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos). Estuardo Sánchez, oficial de Protección del Fondo de las Naciones Unidas, dedicado principalmente a la temática de niñez (Unicef), indicaba que la pobreza estructural del país empuja a que los niños se empleen en trabajos donde son explotados, en actividades que no son aptas para su edad y pueden afectar su salud física, emocional y mental.

Tal como se indicó, en los primeros años de la vida se constituye la fase más dinámica en el proceso de crecimiento mental, por lo que resulta extremadamente vulnerable. Los déficits o excesos en el estado nutricional infantil están asociados a múltiples factores del ambiente en el que el niño vive desde su concepción. Por lo que, fortaleciendo los vínculos y lazos a nivel del desarrollo mental, estimulando al niño a nivel de desarrollo afectivo de la persona y las pautas de su aprendizaje y motor, es posible revertir el daño; pero pasado este período pueden quedar secuelas permanentes que dificultan la adaptación a la sociedad y la habilidad emocional y aprendizaje.

Es cuando las experiencias dejan huellas profundas, ya sean positivas o negativas. En condiciones de pobreza crónica, gran parte de los individuos se ven limitados en la expresión de sus potencialidades, tanto físicas como intelectuales. No solo el niño sufre estas circunstancias, sino también la sociedad, que se ve limitada en sus posibilidades de progreso y desarrollo de una gran parte de la población.