Criterio urbano

Inició el proceso electoral

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Empezaron a inscribirse los candidatos. El décimo proceso electoral de nuestro período democrático representa una nueva oportunidad para que los guatemaltecos evaluemos a los diferentes candidatos, veamos qué han hecho a lo largo de su vida y tomemos una decisión informada para votar. ¿Son personas que han apoyado el crecimiento del ecosistema empresarial que le permite al país tener mayor desarrollo?, ¿qué propuestas han impulsado a lo largo de su trayectoria política? O simplemente son personas neófitas que no tienen idea de cómo funcionan las instituciones públicas.

Y es que así es la política. Comentarios en diferentes espacios y redes con ideas y propuestas, algunas muy buenas, otras muy malas e incluso unas que no hacen ningún sentido práctico, pero que apelan a las emociones que fomentan simplemente el populismo, la polarización y la posverdad, como lo describe perfectamente Moisés Naím en su último libro La revancha de los poderosos: Cómo los autócratas están reinventando la política en el siglo XXI.

Sabemos que ninguna democracia es perfecta, de hecho, ya lo decía bien Winston Churchill, “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”. Guatemala tiene retos democráticos, definitivamente, seguimos siendo un país con un ingreso mediano alto, si vemos nuestro PIB per cápita, pero con enormes desafíos sociales y con grandes problemas para aumentar la inversión en infraestructura pública, en gran parte por la falta de normativas claras que ayuden a alinear los incentivos del Estado hacia proyectos que mejoren la salud, la educación, seguridad y justicia, formación técnica e incluso la movilidad, una de las grandes oportunidades del país en términos prácticos.

Nuestro país está en la posición 99 de 167 países evaluados en el Índice de Democracia publicado por la Unidad de Inteligencia de The Economist. Nos catalogan como una democracia con un régimen híbrido, que debe seguir fortaleciendo sus instituciones republicanas, promoviendo la promoción del imperio de la ley, separación de poderes y la libertad de expresión.

Por ello, que es tan importante este proceso democrático, para nuestra siguiente fase de desarrollo como país. Tenemos la oportunidad de elevar el PIB per cápita a por lo menos US$15,000 a precios internacionales actuales y subir nuestra formación bruta de capital fijo en relación con el PIB de 16% a 21%, lo cual implicaría también triplicar la inversión pública.

Esto es lo que esperamos ya de los candidatos a presidente, diputados al Congreso de la República y alcaldes. Necesitamos que nos digan qué piensan hacer para aumentar la inversión en infraestructura, capital humano y cómo mejorar nuestra seguridad física y jurídica. No hay bailecitos, cancioncitas, ni frases pegajosas que resuelvan estos problemas que muchas veces son de carácter institucional y que sabemos probablemente no podrán resolverse totalmente en cuatro años. Sin embargo, sabemos que los programas que ya se comenzaron para aumentar la atracción de inversión extranjera directa, digitalización de procesos, formación técnica en inglés y aumento de la inversión pública, puedan continuarse.

Hay propuestas muy claras desde diferentes centros de investigación. De hecho, muchas veces hay más coincidencia técnica, pero nos falta lograr los consensos políticos para que, en el Congreso de la República, el presidente pueda impulsar los cambios institucionales que permitan un aumento en la infraestructura productiva y los servicios urbanos, de una forma acelerada. Ya no hay tiempo que perder.