Registro akásico

James Bond sin control

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

El presidente de la Asociación de Caricaturistas de Cuba, Antonio Prohías (*1921 +1998), tenía un humor acre. Su primer personaje, el hombre siniestro, se cambió a Tovarich, para denunciar la falta de juicio crítico sobre quienes representaban intereses foráneos. Su mordaz crítica, le valió ser acusado de agente de la CIA y el abandono de la isla. Se fincó en New York, donde elaboró una nueva historieta: Spy vs. Spy, para la popular revista MAD. Dos personajes diferenciados por vestir de blanco o negro realizan acciones malévolas todo el tiempo. El éxito de la historieta se debe a los finales inesperados dañinos al que busca causar el mal o evitarlo.

En el país, el espionaje está mal definido, al no actualizarse la definición del Código Penal, artículo 369. Se liga a recibir órdenes del enemigo en una guerra declarada y hasta de una potencia neutral. La obtención de secretos de seguridad, defensa y relaciones exteriores completa la tipificación delictiva. Inaplicable, dado a la inexistencia de declaratorias de guerra y desarmonizado con la Ley de acceso a la información pública.

La actuación por encargo de un país extranjero merece regularse. Un agente encargado de realizar actividades de interés para un gobierno o particulares de un país extranjero, fuera de las protecciones ofrecidas a la actividad diplomática, ha sido objeto de atención en muchos países.

En los Estados Unidos, desde 1937 se obligó al registro de quienes actuaban siguiendo instrucciones foráneas. Con la revisión de la legislación en 1966, se promulgó la FARA (Foreign Agents Registration Act), para identificar a quienes hacen propaganda o actividades para influenciar la política local. No se prohíben esas labores conocidas como lobby, simplemente se desea estar consciente de los patrocinios. Con ello se evita la calificación de espía a estos agentes. Rusia obliga también al registro, tanto de personas como de oenegés dedicadas a la presión política patrocinadas con fondos desde el extranjero. La mayor parte de los países europeos tiene similar regulación. Actualmente se discute sobre la actividad de la prensa, pues los corresponsales son obligados a registrarse en algunos países.

Hablar claro y actuar con transparencia sirve a todos. En cambio, utilizar subterfugios y falsos dilemas envenena la vida política. Las recientes declaraciones de algunos funcionarios de regular a las oenegés no aclaran el fondo del asunto. Peor aún, promover procesos penales espurios por revelar secretos. La motivación central consiste en la necesidad de conocer la actuación política por encargo de muchos personajes de la vida política nacional. Para ello no es necesario hablar de oenegés, sino ser claro en la busca de registrar a los agentes extranjeros, individuales y personas jurídicas, que actúan en política. Los que no se registran, se hacen acreedores a multas muy fuertes y, eventualmente, podrían ser considerados espías. Urge actualizar la
legislación con franqueza.

Es como imaginar un cintillo de Spy vs. Spy, uno de los personajes entrega un texto con el título Regulación ONG, cuando el antagonista lo abre para leerlo, le explosiona en la cara con letras donde se lee: Registro de espías. Aunque el tema parece chistoso; no lo es. La actuación política de muchos personajes por encargo de multimillonarios, fundaciones, agencias de información y hasta servicios de inteligencia, que bajo dádiva sabotean a la actuación cívica nacional, es un problema. Basta de acciones encubiertas. Toda interferencia extranjera ajena a los ciudadanos debe estar a la vista pública.