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Jerusalén en el conflicto Israel-Palestina

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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La historia de Jerusalén es la de una ciudad elegida, deseada, disputada por pueblos y culturas. Ha sido conquistada, destruida y reconstruida una y otra vez. Dicen que cada capa de tierra revela una pieza distinta de su pasado. Tanto israelíes como palestinos reclaman Jerusalén como su propia tierra y están esperando aún a su mesías, quien reinará allí mismo. Es considerada la Ciudad Santa donde nacieron las tres religiones monoteístas del mundo.

Una ciudad fascinante incluso con sus contradicciones, lamentablemente surcada por grietas sociales, ideológicas y étnicas. Un lugar pleno de sonidos, colores, olores, formas de hablar y vestir ropa tradicional, donde los hombres se mezclan y se ignoran, en un revoltijo de experiencias modernas y antiguas en busca de un difícil equilibrio.

En la Edad Media, Jerusalén era considerada el ombligo del mundo, como se muestra en ciertos mapas y como se imaginaba por Dante. Se pensó que Adán, el primer hombre, estaba enterrado allí y en la cima del Gólgota fue crucificado el segundo Adán, el redentor del mundo, Jesucristo, quien luego de su Segunda Venida reinará allí. En la Biblia, Jerusalén es citada 823 veces.

Para los cristianos, Jerusalén es el centro de nuestra fe, allí se encuentra la Basílica de la Natividad, el punto exacto donde nació Cristo, sellado por una estrella de plata dentro de la cripta en la que, cada día, después de interminables filas, peregrinos se postran en señal de fe y respeto.

Los orígenes de la Ciudad Vieja de Jerusalén se remontan a hace más de 3,000 años, aunque las murallas que la rodean son del siglo XVI y su estructura es principalmente bizantina. Su punto más llamativo es la Puerta Dorada o Puerta del Mesías, desde el tiempo de Herodes. Según la tradición judía, el mesías que esperan entrará por esa puerta. El Monte de los Olivos y el monte Sion (lugar de la Última Cena de Jesús) están respectivamente al este y al sur de la Ciudad Vieja. El monte de Sion es venerado igual por judíos, musulmanes y cristianos.

Jerusalén también es sagrada para el islam, allí se encuentra el Monte del Templo o Haram esh-Sharif (Recinto del Santuario Noble). Fue donde, según la tradición, se encontraba el altar de David en el que Salomón construyó el templo. Se convirtió en un santuario islámico en 691 d.C., cuando se edificó la espléndida Cúpula de la Roca, el tercer lugar más sagrado para la religión islámica. Jerusalén, de hecho, aunque nunca ha sido mencionada en el Corán, está ligada a la tradición del islam por un episodio místico particular, del viaje nocturno del profeta Mahoma, quien durante una noche fue traído milagrosamente de La Meca a Jerusalén (justo en el lugar donde se encuentra hoy la Cúpula Gris de Al-Aqsa). Desde aquí ascendió al cielo en presencia de Allah, luego regresó a La Meca a la mañana siguiente. Curiosamente ellos también esperan un mesías, el Mahdi.

Para el pueblo judío está el Muro de los Lamentos, un lugar permanente de oración. La única parte que queda del Segundo Templo, cuando Tito, hijo del emperador Vespasiano, lo destruyó, en el año 70 d.C. El Primer Templo fue construido por Salomón, según las fuentes rabínicas de la Torá Oral (alrededor de 967-960 a.C). Fue destruida 410 años después e inmediatamente, luego del exilio babilónico, cuando el rey de los persas Ciro (539 a.C.) permitió que los judíos regresaran a sus lugares de origen, fue reconstruida por los judíos, tomando el nombre de Segundo Templo. El Tercer Templo, en el credo judío, será construido por el futuro mesías. Dicen que: “Quien sea capaz de llevar la paz a Jerusalén podrá llevarla al mundo entero”. Esta persona para unos podría ser su mesías, pero para otros el Anticristo.