Punto de encuentro

Justicia para Domingo Choc

Marielos Monzón @MarielosMonzon

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Esta es una columna llena de tristeza e indignación por el asesinato de Domingo Choc, un acto de barbarie y de crueldad que expresa la intolerancia extrema de una sociedad profundamente enferma como la nuestra. A don Domingo lo quemaron vivo, acusándolo de brujería. Los prejuicios, la ignorancia y el fundamentalismo le costaron la vida.

No habían pasado 24 horas de lo sucedido cuando en las redes sociales aparecieron comentarios destilando racismo, aduciendo que su muerte violenta es parte de las prácticas de la justicia indígena. Cuánta manipulación y tergiversación interesada para seguir promoviendo el desprecio por la cosmovisión y la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas.

Ni siquiera frente al horror de lo ocurrido hubo un poco de respeto. Continuaron con las mentiras y los prejuicios para atacar aquello que les resulta tan ajeno y “peligroso”. Guardando las distancias, el asesinato de don Domingo, las capturas, procesos penales y campañas de desprestigio contra autoridades, líderes y lideresas de pueblos indígenas, y los ataques sistemáticos para deslegitimar su sistema jurídico tienen un mismo origen: el racismo.

Tras la brutalidad cometida contra don Domingo, la antropóloga Mónica Berger, quien trabajaba con él, escribió en su muro de Facebook un texto que además de honrarle nos llama a una profunda reflexión. Les comparto algunos fragmentos.

“El Abuelo Domingo, Tata Mingo, vivía en la aldea Chimay, cerca de San Luis Petén. Era un gran Ajilonel, un maestro herbalista, un científico Maya experto en medicina natural. También era Ajq’ij, Guía Espiritual Maya, comprometido con preservar y transmitir el conocimiento ancestral sobre la protección de Madre Naturaleza y su medicina, a las nuevas generaciones y al mundo.

El Abuelo Domingo, junto a otros sabios Abuelos y Abuelas Q’eqchi’, trabajó incansablemente para sacar a la luz el valor de la sabiduría Maya. Por ello era parte de un equipo transdisciplinario de científicos mayas, guatemaltecos y europeos que trabajábamos juntos en dos grandes proyectos de investigación y desarrollo con la Universidad de Zurich en Suiza, el University College London, en Inglaterra, y la Universidad del Valle de Guatemala. Hace tan solo unos meses el Abuelo Domingo caminaba por el bosque aledaño a su comunidad con nuestro equipo de la Unidad de Antropología Médica, en un viaje etnobotánico para identificar especies de plantas medicinales (…) Estábamos trabajando un inventario de especies medicinales para poder documentar y proteger el conocimiento Q’eqchi’ de forma que quedara evidencia que todo esto es conocimiento indígena. El Abuelo estaba ayudando a escribir un libro en el que quedaría la evidencia de la ciencia herbal maya Q’eqchi’, como un mecanismo de documentar la propiedad intelectual de su Pueblo. Él era parte de un esfuerzo de años por crear el Popol Jay de Poptún, la Gran Casa del Concejo, la cual incluía la implementación de un jardín botánico para preservar las especies medicinales que están amenazadas por la destrucción de Petén.

El Abuelo Domingo es un héroe del Pueblo Q’eqchi’. Ha sido convertido ahora en un mártir ante el grotesco asesinato público al que fue sujeto. Repudiamos este acto cruel y lleno de prejuicio e ignorancia. Exigimos justicia en el esclarecimiento de su asesinato. Más importante aún, necesitamos visibilizar este tipo de persecución contra quienes practican la Medicina Tradicional y la Espiritualidad Maya, necesitamos crear consciencia y educarnos como sociedad para aprender a conocernos entre guatemaltecos, dejar de temernos, de perseguirnos. Necesitamos entender, reconocernos, respetarnos en nuestra diversidad (…) Es tiempo de reescribir esta historia de temor y de odio hacia una de paz y respeto, de aprendizaje mutuo”.