Con otra mirada

L aniversario del Congreso Restructuración Arquitectura

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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El pasado 21 de abril se cumplieron 50 años de cuando los estudiantes tomaron la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos (Usac), como resultado del ambiente pujante por cambios académicos, inmerso en circunstancias sociales, políticas y culturales que produjeron, para bien o para mal, un giro de 180°; cambios sobre los que es preciso reflexionar.

En aquel lejano 1972, mi promoción cerró pénsum de estudios y empezaba a graduarse; se vio involucrada en el movimiento y resultó ser un referente para los alumnos de los primeros años, lo que implicó para la mayoría postergar el trabajo de tesis y su graduación.

Para poner en contexto la formación de ese grupo, basta dar un vistazo a sus vivencias en plena Guerra Fría, empezando con La Rebelión de los Cadetes de la Escuela Politécnica (2Ag1954), alzados en contra del ejército de mercenarios que derrocó al presidente Jacobo Árbenz; la guerra de Vietnam eternizada de 1955 a 1975. Toma de La Habana por los barbudos de la Sierra Maestra, 1En1959; movimiento revolucionario, 13Nov1960, que dio inicio a la guerra interna en Guatemala, que duró 36 años; jornadas de marzo–abril 1962, protagonizadas por jóvenes estudiantes, sindicalistas y habitantes de los barrios populares en contra de la corrupción del gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes. Movimiento hippie, de pensamiento liberal, igualdad de derechos entre mujeres y hombres, no más guerras, paz y amor fraternal. El mayo francés y sus barricadas, junto a la terrible matanza en Tlatelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, México, en 1968. Festival de música y arte de Woodstock, 1969.

Es decir, factores sociales, políticos, económicos y culturales, locales e internacionales que los marcó, les quitó el miedo y formó como ciudadanos dispuestos a generar los cambios que fueran necesarios para vivir mejor. Para entonces, la Facultad de Arquitectura tenía 14 años de funcionamiento y los planes de estudio habían cambiado muy poco.

Las novedades arquitectónicas estaban determinadas por materiales de construcción expuestos e impresionantes soluciones estructurales, resultado de una visión diferente del mundo que llegaban hasta nosotros por medio de las revistas de arquitectura distribuidas por un par de negocios especializados. Eso permitió conocer lo que se producía, al menos en el mundo occidental, junto a las ponencias y exposición de proyectos en los congresos internacionales, cuyas noticias eran difundidas con amplitud.

La necesidad de promover cambios en el programa de estudios fue un asunto perentorio acogido por algunos catedráticos; otros se resistieron al cambio. El Congreso de Reestructuración de Arquitectura (CRA) fue dominado por intereses políticos que desvirtuaron su origen académico; realidad que rompió el equilibrio y violentó la salida de las altas autoridades y catedráticos titulares.

Ese escenario, si bien no previsto, tampoco fue bien manejado por las partes involucradas. Aun con todo y la importancia de la transformación, hubo un efecto negativo que fue la salida forzada del claustro de profesores, que obligó a improvisar con los pocos profesionales maduros que acompañaron el proceso, junto a aquellos de mi generación que asumieron la responsabilidad de empezar a formar a las nuevas generaciones.

El resultado positivo fue que los catedráticos depuestos fueron acogidos por la Universidad Rafael Landívar, que en 1973 creó la primera Facultad de Arquitectura privada en Guatemala. Al calmarse las aguas, algunos profesores titulares regresaron a la Usac y con el derecho adquirido por esa categoría, se reincorporaron a la docencia. Años después, renunciaron y dejaron el camino libre para integrar un nuevo claustro de catedráticos.