Si me permite

La amabilidad debería ser un valor agregado

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La amabilidad es la belleza de la virtud”. E. Kant

En el comportamiento humano, el detalle de ser amable es un elemento que se aprecia en cualquier relación humana que tenemos. Aun en lo acelerado que estamos viviendo, siempre podemos tomar una pausa para dar lugar a un gesto o comportamiento de amabilidad que tanto bien hace a nuestro entorno. Es algo que, sin lugar a duda, se le inculca en los años formativos a toda persona, porque si no ha sido así, es difícil integrarlo en la conducta personal.

Pero, una vez que ha sido formado uno con las reglas de la amabilidad, la voluntad es la fuerza motriz que genera la determinación de usarla y sacar provecho de ella. Porque podemos haber iniciado la vida con todas las reglas de la amabilidad, pero por alguna razón muy personal podemos decidir dejarla de lado porque mentalmente creamos razones para no tener que usarla y, consecuentemente, también pagamos las consecuencias por ello.

Posiblemente algunos consideran que son amables, pero esta conducta es simplemente como una etiqueta de estereotipos en nuestra manera de ser. Lamentablemente, cuando no es genuina y auténtica, muy rápidamente se puede percibir, por ser simplemente una manera de cortesía superficial.

Cuando uno ha decidido integrar la amabilidad en su modo de vida, se está haciendo un favor a sí mismo porque, por ser como es, muchas veces se le recibe en diferentes círculos por el simple hecho de que está proyectando ser dueño de una virtud. Esto es exactamente lo que debe mover a todos los mayores a enseñar a todos los niños modales y comportamientos que reflejen una conducta amable, lo cual será un beneficio que habrá de acompañar al niño el resto de su vida.

Cuántas veces hemos podido percibir de aquellos que la amabilidad ha llegado a ser la manera como viven que saben vivir en paz con personas que uno fácilmente pensaría que son difíciles de tratar y trabajar, pero la simple amabilidad de la otra persona ha dado todas las pautas para que la relación se cultive. Y esto no es más que pequeñas cosas como la actitud o frases que se expresan, las cuales describen a alguien como una persona amable.

Es muy curioso en la conducta humana que cuando alguien no es amable consigo mismo, difícilmente lo será con los demás. Los conceptos que tengo de mí, si conllevan una negación o una simple manera de autodenigrarme, difícilmente se podrán proyectar en una manera favorable con los demás. Por algo la normativa sagrada que Dios dejó para nosotros es amar al prójimo como a uno mismo. De esa manera es una normativa igual con uno que con los demás que me acompañan en el peregrinaje de la vida.

Es innegable que uno tiene un comportamiento de amabilidad, pero no por ello al final habrá de tener un monumento el cual se reconozca. En esta vida, mientras esté viviendo, cultiva una innumerable cantidad de amigos por el simple hecho de cómo se estuvo relacionando con ellos, y estos normalmente harán el comentario calificándolo a uno como una persona amable y por lo cual las relaciones en todo tiempo fueron constructivas y provechosas, no importando lo que fuera.

Aceptemos que la amabilidad nos abre caminos donde humanamente parecieran imposibles. Por lo mismo, siempre es un buen tiempo para empezar, si no es la práctica la cual nos distingue.