Desde Ginebra

La apertura comercial y las exportaciones

Eduardo Sperisen-Yurt esperisen@gmail.com

La apertura económica en nuestra región se inicia en los años ochenta con el establecimiento de la política de promoción de las exportaciones, que fue dejando atrás a la política Cepalina de sustitución de las importaciones de los años sesenta y se consolida con el ingreso de los países de la región al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT).

En esa época se realizaban negociaciones de los acuerdos de alcance parcial con varios países, uno de ellos el acuerdo con México, llamado entonces de Tuxtla Gutiérrez, que era una iniciativa mexicana, cuyo objetivo era el diálogo político, la consolidación de la paz, la democracia, así como fomentar la cooperación regional.

A su vez, en el norte, México estaba en conversaciones con los Estados Unidos y el Canadá para lograr un acuerdo comercial que finalmente concluyó con la firma de un tratado de libre comercio trilateral llamado TLCAN o Nafta en los años noventa, el cual, en su momento, fue considerado de nueva generación y estableció las bases del modelo a seguir. Este acuerdo surgió de la necesidad de otorgarse mayor competitividad entre los países desarrollados Canadá y Estados Unidos y un país en desarrollo, México.

Con el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio en 1995, que establece la normativa comercial multilateral vinculante, los acuerdos de alcance parcial ya no cumplían con las normas de la OMC. Estos TLC se impulsaron como modelos de la apertura económica que a partir de esa época se impulsó regionalmente con mayor intensidad desde los años noventa.

El Comercio Internacional es una política fundamental para que los países puedan ampliar sus mercados y con ello obtener niveles adecuados de desarrollo económico y social, vía la promoción de exportaciones a través del intercambio comercial, financiero y tecnológico, que hace que las naciones compitan a nivel internacional en aras de obtener mecanismos que promuevan incrementos de productividad y bienestar.

El cambio de la política comercial exterior fue profundo, para ello se requería producir principalmente lo que se hace con más eficiencia y de calidad mundial, abrir el camino a la especialización en el trabajo, los negocios y la producción; ampliar los mercados, acceder a la internacionalización, a la apertura, al libre comercio, y en fin, utilizar cualquier estrategia tendiente a insertar efectivamente a las naciones en desarrollo en la economía mundial, promoviendo cada país su estrategia, para la obtención de los mejores resultados posibles.

Los TLC de nueva generación consistían en acuerdos comerciales para la eliminación o rebaja sustancial de los aranceles para los bienes y los servicios entre las partes, tomando en consideración cláusulas de respeto a los temas sociales como a los del medioambiente. Este tipo de acuerdos debieron ser consistentes con las normas de la OMC.

Naturalmente los TLC no llevan a una unión económica, social y política, como es el caso de la Unión Europea. Si bien este es un acuerdo de integración más profundo, se creó, entre otros, para fomentar el intercambio comercial, pero también incluyeron cláusulas de políticas monetarias, fiscales y presupuestarias, como también el libre movimiento de personas y organismos políticos comunes, que no son elementos contenidos en un TLC.

Para concluir, un tratado de libre comercio consiste en la eliminación o rebaja sustancial de los aranceles para los bienes entre las partes, y acuerdos en materia de bienes y servicios. Estos acuerdos deben ser compatibles con la normativa de la Organización Mundial del Comercio.