Si me permite

La armonía permite la convivencia gratificante

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La armonía social, comparada con la música, es un concierto de muchas discordantes”. Pitágoras

Hace dos días fue el día de las Naciones Unidas. Cada año en esta fecha se recuerda el valor y el logro que tiene esta instancia mundial, donde se puede dialogar a un diferente nivel para poder evitar confrontaciones mayores entre las naciones. Un órgano digno de admiración por su idealismo, el cual en sus principios posiblemente fue visto con mucho escepticismo y con ideas negativas de que no podría llegar a donde ha logrado llegar. Pero hoy es un monumento, por hacer posible su funcionalidad hasta este día.

No hay duda de que esta instancia busca un clima de armonía para poder ser propositiva y de ese modo evitar estados que puedan lamentarse por lo destructivo que puedan ser, pero esta realidad, si no es una proyección de los niveles más elementales de relación que representa, de nada puede servir una instancia a ese alto nivel.

La armonía y la convivencia debe empezar con los que a uno le toca convivir, por encima de las diferencias que se puedan tener. Armonizar no es uniformidad y mucho menos tener la capacidad de ver las cosas de un mismo modo, sino por el contrario, entender que en la vida que vivimos hay diversidad y se la debe apreciar.

El elemento fundamental para las buenas relaciones es la flexibilidad que debemos tener con los que nos rodean y entender que ellos también tienen sus razones de no pensar o actuar de una manera diferente a la nuestra, siempre que se entienda que la diferencia no debe hacernos daño, sino saber dejar el espacio necesario a los demás para que puedan vivir el modo que ellos han escogido vivir.

Es evidente que nadie está elogiando y aplaudiendo las diferencias, lo que se aprecia y se busca es la capacidad que tienen otros y cómo esto puede ser un complemento que nos puede ayudar, y esto debe ser en ambas vías, para que el valor sea provechoso.

Es innegable que muchos proyectos inician por una necesidad presente y con la debida planificación logran estructurarse sin poder visualizar el alcance que estos pueden tener en las generaciones venideras, y si bien con el tiempo tienen un sinfín de enmiendas y cambios, se han dado sobre el elemento inicial que gente visionaria logró iniciar y estructurarlo para que llegue hasta nuestros días.

La historia podrá detallar con claridad y precisión cuántos conflictos se han podido evitar por el simple hecho de que se ha alcanzado tener una mesa de diálogo donde las inferencias se deben dilucidar hablando antes de llegar a un enfrentamiento innecesario.

Este principio no solo es para las naciones, y no solamente en los marcos políticos, sino es mucho más valioso si este mismo principio se puede aplicar en todo empeño que los humanos nos embarcamos y que no son asuntos que se logran con individuos aislados, sino con un empeño corporativo de diferentes personas con diferentes capacidades y habilidades.

Cada uno de nosotros debería poder visualizar cómo interrelacionarse con el prójimo para que lo que hacemos siga aun cuando nosotros ya no estemos. Posiblemente no siempre se nos permita hacerlo como nosotros queremos, pero con el aporte de otros esa idea podrá ser el punto inicial para poder llegar a dimensiones nunca calculadas y hacer el bien y dejar provecho a muchos a quienes ni conocemos.