Con otra mirada

La cultura como motor de desarrollo

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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Los días 4 y 6 de febrero de 1976, el fenómeno de subducción en la costa del Pacífico activó la falla del Motagua que recorre tres cuartas partes del territorio nacional, por lo que sus efectos fueron devastadores. La solidaridad internacional fue inmediata con recursos económicos, materiales de construcción, asesoría y capacitación. Las principales necesidades atendidas fueron salud, limpieza y descombramiento, infraestructura vial, reconstrucción y, desde luego, medidas de emergencia para proteger el patrimonio cultural afectado. El voluntariado también se hizo presente, aportó lo que había que aportar y nadie reclamó protagonismo alguno.

Para entonces atendía el curso internacional de conservación de arquitectura del Centro Internacional para la Conservación (Iccrom). El 6 de mayo, un terremoto afectó el área de Friuli, al norte de Italia, por lo que Unesco solicitó enviar una misión a evaluar los daños. Entre los participantes se eligió a un grupo liderado por el asistente del curso, arquitecto Donald del Cid. Al regresar a Guatemala me incorporé al esfuerzo local, atendiendo la invitación del colega José Asturias Rudeke, para apoyarlo en la restauración de la Catedral Metropolitana. Dos años después tomé posesión del Cargo de Conservador de La Antigua Guatemala; período de siete años que permitió mi inserción en el mundo de la historia de la arquitectura, las ciudades y su conservación, interactuando con sus protagonistas.

En 1993, con algunos de ellos trasladamos esa experiencia a la ciudad de Guatemala. La Municipalidad formuló el concepto RenaCentro, integrado por el Ministerio de Cultura y Deportes, Universidad de San Carlos e Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat). Desde esa estructura se creó, mediante el acuerdo ministerial 328-98, la figura Centro Histórico (que define el polígono físico a conservar) y el 2Ag2000, el reglamento municipal para su conservación. Mientras tanto se contribuyó a la preparación de la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación, decreto 26-97 del Congreso de la República.

Ante sus positivos resultados, en 2005 propusimos al Congreso crear el Ministerio de Cultura y Turismo expuesto en artículo anterior. A la luz del desarrollo teórico-conceptual de la Política Cultural, en consonancia con lo gestado a nivel mundial y la valiosa información proporcionada por uno de sus más importantes impulsores locales, el licenciado Max Araujo, considero oportuno atender esos principios en beneficio de un mejor desempeño.

Dentro de la Política General del nuevo gobierno está Economía, Competitividad y Prosperidad, cuyo enunciado permitirá al Ministerio de Cultura y Deportes continuar con el desarrollo de importantes programas para el posicionamiento de la cultura como motor de desarrollo integral, que es uno de los fines de las políticas nacionales de cultura reformadas en el 2015. Esos programas son: Construcción de la Cuenta Satélite de Cultura; Creación de emprendimientos culturales; Asesoramiento a las municipalidades para la construcción de sus políticas culturales y Construcción del Sistema de Información Cultural; Programas relacionados con la Política Cultural en el Marco de la Política Exterior de Guatemala, a cargo de RREE, y los programas de Turismo Cultural, a cargo del Inguat.

Frente a esos avances creo prudente reconsiderar la propuesta de creación del Ministerio de Cultura y Turismo, entendiendo que la Política Cultural del Gobierno responderá a aquel planteamiento teórico-conceptual. Asumo que los nuevos funcionarios nombrados para las tres instituciones involucradas serán conscientes de la importancia de la cultura, requisito indispensable para que la suma de sus esfuerzos dé como resultado su conservación, condición indispensable para su desarrollo; de lo contrario, no vale cambiar nada para que todo siga igual.