De mis notas

La cumbre sin cumbre

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

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Encumbrados bajo la luz de las tarimas, 20 presidentes de Latinoamérica —en su versión light— se reunieron en Los Ángeles con el triángulo norte ausente: Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México, los países que generan el mayor flujo migratorio.

Las conclusiones de la “Declaración de los Ángeles sobre Migración y Protección” incluyen ampliar algunas miles de visas de trabajo; reanudar acuerdos sobre migración, algo que, por supuesto, no atiende las causas, porque la migración es un fenómeno sociodemográfico natural inevitable en el que los mercados; las mejores condiciones de vida y los sistemas de gobernanza, son las que determinan el flujo de poblaciones; una tendencia que se observa también en la atracción de capitales.

Está claro, como lo manifestaron algunos analistas, que el continente se encuentra “en un momento disfuncional, ideologizado y resentido”. El presidente Biden y el equipo que lo maneja tienen una agenda que no ayuda a generar puentes de entendimiento. El politólogo mexicano Leonardo Curzio ve esto como una región con fracturas, “incapaz de articular esfuerzos hemisféricos” y con una disfuncionalidad del sistema interamericano evidente.

¿Qué puede hacer un presidente cuando el que le invita a una Cumbre le ha incluido a su Fiscal General en la lista Engel? Digo… Serán contradicciones que algunos pueden disculpar bajo la óptica de un presidente sumamente criticado por la mayoría de los observadores del circo zoopolítico guatemalteco. Otros lo atribuirían a la gran influencia que ejercen los fiscales y jueces en el exilio. Lo comprueba el Reporte de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, CIDH 2021, que en su Capítulo “IV.b” nos coloca bastante cerca de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Buena parte del contenido alude a la “persecución” de los jueces y fiscales en el exilio.

Gracias a Dios que los compatriotas con sus remesas nos remiten 20 mil millones de dólares al año; y con tendencia a aumentar. Pero migraron, como se señala arriba, para buscar empleos mejor remunerados y acceso a un sistema de gobernanza funcional que premia el trabajo y genera oportunidades para el que las busca, huyendo de una economía en la cual 7 de cada 10 guatemaltecos son informales.

Si le preguntáramos a Fernando de Soto en aquella su obra de hace más de 20 años, “El Misterio del Capital”, cómo generar una masiva inyección de capital a la economía guatemalteca, seguiría insistiendo que la titulación de propiedades informales; la eliminación de la tramitología burocrática; y de los incentivos perversos resultantes; son determinantes para generar riqueza; y que la incorporación al Catastro Nacional de las propiedades no tituladas —que aunque usted no lo crea alcanzan el 60 por ciento de Guatemala— permitiría, de un día para el otro, acceso a ser sujetos de créditos a millones de propietarios.

El presidente Biden cerró su discurso declarando que “la migración ilegal no es aceptable y vamos a asegurar nuestras fronteras” (…). Aunque es una excelente declaración, los hechos hablan por sí solos. Su política migratoria ha sido de brazos abiertos y “cuchi cuchi”, convirtiéndose en la más laxa, ineficiente y absurda en la historia. Millones han entrado ilegalmente desde que asumió su mandato.

Y “mientras pronunciaba su discurso, una caravana de 15,000 personas, una de las mayores de los últimos años, seguía rumbo a Estados Unidos desde el sur de México”. /VOA/11/06/22