Si me permite

La enfermera, una esperanza para el adolorido

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“Corazón y alma del cuidado. Una única alma que pasará por su vida durante un momento y lo impactará por el resto de la vida”. Anónimo

Considerando que el martes pasado fue el Día Mundial de la Enfermera, quisiéramos dedicar este espacio en destacar algunas particularidades que esta profesión encierra y que muchas veces pasamos por alto hasta que las circunstancias de la vida nos llevan a un estado en que las buscamos o necesitamos de ellas.

Cuando uno observa lo polifacético que es el trabajo de una enfermera, desde el momento más rutinario de asegurarse de que todas las cosas están manteniendo el ritmo que se instruyó y sus resultados son favorables, hasta los momentos más cruciales y críticos, cuando se le asigna la tarea de tener que notificar los informes más desagradables que nadie quiere hacer y a ella le toca enfrentarlo.

Podemos observar cómo una enfermera llega a ser un puente de enlace para todas las conexiones con las diferentes necesidades, desde el momento del dolor y cuando se está en un estado dependiente, que es lo más esencial hasta lo más sofisticado de lo que la tecnología enlaza a los enfermos y sus seres queridos.

Lo más sorprendente es que siendo una persona tan fundamental en la salud de los que están siendo atendidos, pocos a la verdad se toman el tiempo para conocer el nombre de esta persona tan necesaria, y aunque de alguna manera tiene un distintivo sobre su uniforme con la identificación del nombre, simplemente se conserva el nominativo de la enfermera que nos está atendiendo.

Es evidente que se debe tener el sentido de vocación al estar en la tarea de la enfermería, que cuando muchos se excusan para atender porque sus fuerzas ya no les asisten o ignoran lo que se debería hacer, la enfermera debe seguir adelante buscando soluciones y al ritmo de la necesidad de los que está asistiendo, hasta que el que habrá de relevarle se presenta y al dar el informe pormenorizado de lo que está dejando puede retirarse a descansar para que el próximo profesional que entiende de ese deber pueda seguir con la tarea.

Claro está, usualmente vemos a una enfermera con su uniforme que le acredita la capacidad y la disponibilidad de servir, pero normalmente muy poco podemos saber lo que ese uniforme está ocultando y toda la trayectoria que lleva. Por lo mismo, muchas veces, cuando se le busca para que pueda atendernos, normalmente antes de que terminemos de explicar lo que estamos requiriendo la persona, como una buena profesional, sabe más que nosotros de lo que se debe hacer, y con una calma en el rostro nos tranquiliza y nos indica lo que se habrá de hacer.

Toda persona que ha aceptado el trabajo de enfermería sabe muy claramente que en el momento que lo está desempeñando poco se le comprende y se lo aprecia, pero cuando el tiempo ha pasado, tanto pacientes como sus familiares son los que tienen una infinidad de anécdotas e historias que se recuerdan y las narran en sus círculos íntimos, de los cuales la pobre persona que fue la protagonista poco se entera y lo único que tiene es el sentir de un deber cumplido.

Quiera Dios que para cada oportunidad que tenemos de ser atendidos por uno de estos ángeles vestidos de blanco podamos reconocer todo lo que significan y los valoremos con palabras de comprensión y gratitud.