Si me permite

La imagen de la niñez nos acompañará de por vida

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“No puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final”. C.S. Lewis

Está claro que no hay ningún modo para regresar en tiempo y espacio para poder revivir la infancia, sea para poder cambiarla o para volverla a disfrutar, pero sí podemos recordar y evaluar nuestra niñez para afirmar, corregir o apreciar tiempos que hemos vivido.

En muchas ocasiones estamos acompañados por personas mayores que se toman el tiempo para hablar de su niñez, y no porque están respondiendo alguna pregunta que se les ha hecho, sino simplemente porque les hace bien a ellos recordarlo. Pero el elemento fundamental de ese recordatorio es posiblemente para justificar por qué tienen el estilo de vida de hoy en día, y nuestra tarea al expresar afirmación o corrección es simplemente agradecer la información que se nos ha compartido.

En el hecho de que en los años de la niñez se ponen los fundamentos para el resto de la vida que se habrá de vivir y el futuro que se está trazando, es responsabilidad individual el tomar la iniciativa de introducir elementos correctivos para que cuando uno llegue a vivir lo que muchos hablan de “la segunda infancia” sea mucho más sana y gratificante que la primera.

El que alguien no comente asuntos de la infancia no implica que los ha olvidado; claro, en el tipo de personalidad que tengamos en ser reservados o expresivos habrá de variar, pero uno, en su intimidad, puede estar recordando y reviviendo la niñez de alguna manera, y es válido, y seguramente sus ventajas y desventajas también.

Cuando uno puede ver la vida como la construcción de una torre, los primeros años son muy determinantes para saber cómo edificar en ese pasado o deliberadamente alejarnos de esos años para poder lograr cambios. Por esta razón, los mayores, que somos responsables en la formación de los niños que tenemos a nuestro cargo, debemos poner de nuestra parte para que lo formativo tenga elementos para una buena proyección y los planes que hacemos para vivir con ellos puedan dejar recuerdos para el futuro que, sin lugar a duda, cuando ya no estemos habrán de ser recordados.

Cada año, con mucha algarabía, se celebra el día de la niñez, pero si se quiere dejar algo que pueda ser favorable para el resto de la vida de ellos habrá de tomarse el tiempo de planificarlo, de modo que no esté centrado en la algarabía de un momento, sino, además de ello, deje algo para que se recuerde, de tal modo que quisieran ellos también repetir con sus niños algo que para ellos tuvo beneficio que impactó el resto de su vida.

Aquellos que están muy centrados en la gratificación de los niños, posiblemente estén de algún modo descuidando la parte formativa. Por ello, cuando uno está planificando el modo y forma de cómo habrá de ocuparse con los niños fuera de la rutina y obligaciones que se tienen para el cuidado y desarrollo de ellos, se busca sean tiempos que de alguna manera marquen vivencias que sirven como puntos de referencia.

Dios nos ayude para que en la rutina monótona que tenemos en la crianza de los niños en nuestros días, en los que vivimos con tantas ocupaciones, podamos hacer cosas que decoren sus recuerdos, para que al traerlos a memoria sean sus años formativos de la primera etapa de su vida lo más gratificante.