Punto de encuentro

La inconsistencia de Almagro

Marielos Monzón @MarielosMonzon

Luis Leonardo Almagro Lemes, actual Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), inició su carrera política militando en el Partido Nacional del Uruguay. A finales de los años 90 se retiró de ese partido de derecha y se integró al Frente Amplio, la coalición de izquierda que hoy gobierna ese país del Sur.

Lo hizo incorporándose al Movimiento de Participación Popular (MPP), liderado por José Pepe Mujica, expresidente del Uruguay. El MPP es conocido por la participación de varios de sus líderes históricos en el movimiento tupamaro, que realizó acciones de guerrilla urbana en la década de los años 60. Es decir, Almagro de la derecha viró hacia la izquierda.
De la mano de Pepe Mujica y del Frente Amplio ocupó cargos de confianza y responsabilidad política. Se le nombró embajador en China y luego canciller de la República Oriental del Uruguay. Desde ese último puesto instrumentó la agenda de política exterior del gobierno de izquierda del FA, que se caracteriza por la defensa de la paz, la soberanía, la integración regional, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.

Esa agenda y su vinculación con el respetado gobierno uruguayo le permitió darse a conocer y construirse un prestigio internacional. Siguiendo la tradición política en materia de relaciones exteriores de su país, defendió los mecanismos de integración surgidos en América Latina: la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), desde donde se impulsaron acuerdos históricos que fortalecieron la posición autónoma de la región frente a las potenciales mundiales, en particular, a los Estados Unidos.

Eso y el apoyo que le brindó Pepe Mujica fueron determinantes para su elección como secretario general de la OEA. Lo lógico era pensar que al frente del organismo regional, Luis Almagro mantendría su independencia y los principios que había defendido mientras fue canciller. Pero sus actuaciones han sido todo lo contrario. Una vez más, Almagro cambia de postura. Y se olvida de los intereses regionales para instrumentar la agenda política de Washington.

Su cambio fue tan radical que hasta la derecha uruguaya le criticó y el Frente Amplio, a partir de un fallo del Tribunal de Conducta Política, lo expulsó por unanimidad. La resolución se tomó el 15 de diciembre del 2018, la firmaron los 26 partidos y movimientos que integran el FA y se basó en la violación de los principios partidarios. La gota que derramó el vaso fue su apoyo explícito a una invasión militar contra Venezuela. Fue en ese marco que Pepe Mujica, su mentor, declaró sobre Almagro: “Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”. Tabaré Vázquez, actual presidente del Uruguay, también marcó distancia y sostuvo que Almagro no volverá a contar con el apoyo del gobierno, en caso busque la reelección.

La inconsistencia de Almagro parece no tener límites. Siendo secretario general de la OEA, un organismo regional que ha impulsado procesos de observación electoral en el Continente y que incluso estableció la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih), una especie de Cicig en el vecino país, escribe un tuit tras recibir la visita del binomio presidencial de la UNE, pidiendo que se permita el trabajo del Tribunal Supremo Electoral “sin influencia de factores externos, incluida la Cicig”.

Al mejor estilo de Jimmy Morales, Almagro pide una invasión contra Venezuela, pero repudia la “injerencia internacional” en otros países. Lo dice siendo funcionario de la OEA. Cuentan en Uruguay, que en el MPP le decían el Oso, habría que cambiarle el sobrenombre a Camaleón.