Con nombre propio

La Independencia y el derecho a elegir

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

“Uno no puede imaginarse un momento más electrizante para le élite criolla del Reino de Guatemala que el día de julio de 1820, cuando fue jurada de nuevo la Constitución de 1812”, nos cuenta don Julio Vielman en su libro Los enigmas de la Independencia. Fernando VII había suspendido la vigencia de la Constitución cuando retomó el poder efectivo y los pensadores liberales creadores de la Constitución de Cádiz (1812) fueron encarcelados y exilados; sin embargo, las circunstancias americanas y de la propia península obligaron a buscar en esa misma constitución alguna tabla de salvación a su alicaído imperio.

La Constitución de Cádiz fue un bálsamo de libertad para el Reino de España, pero fue rechazada por la reacción monárquica instaurando el absolutismo lo antes posible. La Constitución representaba límites al poder y esto no gustó a quienes mandaban, por eso dejó de tener vigencia. Una de las conquistas más sobresalientes de la Constitución de 1812 constituyó la libertad de imprenta. Pensar en que las ideas podrían ser publicadas sin pasar por censura previa de órganos oficiales fue temerario y hasta la fecha vemos la censura (por diversos métodos) a la emisión del pensamiento por parte de sectores de poder.

“Al igual que lo ocurrido en 1808, la España de 1814 entró en convulsiones políticas, excepto que esta vez fueron exactamente contrarias a las que había experimentado seis años antes. Entonces se había pasado espasmódicamente del “antiguo régimen” absolutista y oscurantista a uno relativamente liberal dentro de un esquema de monarquía constitucional. Ahora, en 1814 se reimponía el “antiguo régimen” y se tomaba venganza contra los reformadores. Las repercusiones de esta fracturada transformación, combinadas con la presencia del despótico brigadier Bustamante en la jefatura del gobierno del Reino de Guatemala, tendrían un gran impacto en la población mesoamericana, sobre todo en la élite criolla que se había agitado por las reformas”, sigue contando don Julio Vielman en el libro referido.

En Guatemala, José Bustamante y Guerra fue capitán general de estos lares hasta 1818 y se caracterizó por el ejercicio abusivo del poder y el rechazo al ejercicio de las libertades. Con su relevo se logró, en buena medida, nuestra independencia por los márgenes de libertad que un cansado capitán general permitió. La idea de independencia va de la mano con que una sociedad decida su propio destino. Por supuesto, la élite criolla no tenía esa visión universal de país en aquel momento, pero sí deseaban decidir acá lo que se ventilaba en Madrid.

En 2020 conviene preguntarnos: ¿hemos adoptado un mecanismo donde escojamos nuestro destino? Nunca habíamos tenido elecciones periódicas y catalogadas como libres por 35 años, pero ¿decidimos? A 199 años de firmada el acta de independencia, ¿gozamos de libertad y somos la mayoría quienes escogemos nuestro futuro?

En el proceso electoral de 2019 tuvimos retrocesos en nuestro régimen electoral, y esto debe mencionarse justo cuando el populismo del azul y blanco engalana los mensajes de independencia. La cooptación que sectores no democráticos y poco transparentes han hecho en estos momentos del Tribunal Supremo Electoral han tejido un órgano más que temible para el futuro.

Poco importa cómo se llamen los abusadores del poder ahora, el veto al ejercicio de las libertades es tendencia de quien pueda. Por esto, entender la Constitución como el principal medio para evitar injusticias constituye el mejor invento de la civilización para frenar a quienes se marean subiéndose a un ladrillo, pero es el pueblo el que debe defender lo caminado. La indiferencia colectiva genera pérdidas enormes en nuestro esquema democrático, aunque aún es momento para atajarlas.