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¿La justicia social es socialista?

«No hay democracia con hambre, ni desarrollo con pobreza, ni justicia con inequidad», dijo el papa Francisco recientemente. Por pronunciamientos como este, algunas personas acusan al pontífice de ser socialista. Otros responden que el Papa rechaza el marxismo, pero que aboga por la justicia social. ¿Es la justicia social un concepto socialista, o una alternativa al socialismo?

Hoy, el término “justicia social” ha sido reducido a igualdad material. La frase evoca políticas públicas redistributivas, tales como subsidios y compensaciones a grupos minoritarios. La redistribución presupone que hay que despojar a unos para mejorar la condición de vida de otros, y que corresponde al gobierno efectuar las transferencias mediante la coerción. Al redistribuir, el gobernante inevitablemente asigna un trato desigual al expoliado y al subsidiado, y decide quién cae en qué bando. Viola los derechos a la vida, la libertad y la propiedad de algunos.

Quizás por eso académicos como Friedrich Hayek rechazaron de tajo la justicia social. Hayek subrayó que la justicia a secas, por definición, es social: el concepto se refiere a la adecuada interacción entre las personas. Por ejemplo, si Pedro contrata a Pablo para que escriba un informe, Pablo debe entregar puntualmente el informe y Pedro debe efectuar el pago acordado. El acuerdo no atenta contra los derechos básicos a la libertad, vida y propiedad privada de Pedro ni de Pablo. Pablo podría ser una empresa o un grupo de personas, y el sentido de justicia no cambiaría. La regla determinada ex ante es la que define qué se debe a quién; si uno de los dos falta a su palabra, el otro puede exigir que se le haga justicia.

En un inicio, la justicia social no tenía nada que ver con la agenda socialista ni con la redistribución por el gobierno. La frase aparece en un tratado de derecho natural por el sacerdote católico Luigi Taparelli d’Azeglio (1793-1862), en el cual Taparelli alude al rol que juegan organizaciones sociales locales, incluyendo a la familia, en la estabilidad y el orden social justo. Siguiendo en la misma línea, el sacerdote Antonio Rosmini, autor de La constitución bajo la justicia social, censuró la arbitraria violación de los derechos de propiedad, aún por fines benevolentes.

En América Latina, la politización del término podría vincularse al auge del peronismo en Argentina, sugiere el autor argentino Alejandro Chafuen. La justicia social fue uno de los pilares del partido “Justicialista”, de Juan Domingo Perón. Ante todo, Perón era fascista y admirador de Benito Mussolini; sustituyó la palabra fascista con justicia, pues las “fasces”, en latín, eran un símbolo romano que designaba el poder para ejecutar la justicia. Así, en el imaginario latinoamericano, el gobierno se convirtió en el único dispensador de justicia social. Posteriormente, a partir de los años cincuenta, se difundieron las teorías de la dependencia y de la teología de la liberación, y paulatinamente partidos de corte socialista o progresista asumieron la bandera de la justicia social.

En resumen, la redistribución coercitiva que supuestamente alcanza la justicia social realmente comete injusticias. Quebranta la expectativa de «dar a cada quien lo que le es debido», una de las primeras conceptualizaciones de justicia. Y precisamente eso es condenado en el Catecismo de la Iglesia Católica (1928), el cual aclara que la justicia social ocurre cuando la sociedad provee las condiciones que permiten a las asociaciones o a los individuos obtener lo que les es debido. Es tiempo de recordar al mundo que la visión de justicia social cristiana es bastante más sofisticada que la socialista.