Miramundo

La legitimidad y vida

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Don Rodrigo Borja, en su Enciclopedia de la Política nos dice: “en el campo de la política, la legitimidad es la justificación ética del origen del poder, del ejercicio del mando político, de la procedencia y aplicación de la ley o de cualquier otro acto de la autoridad pública. La legitimidad encierra todo un sistema de valores…El poder legítimo obliga moralmente a la obediencia, el ilegítimo no”.

La legitimidad formal la otorga en una sociedad democrática el voto. Somos gobernados por quienes salieron triunfadores de la confianza popular y estas personas son depositarias del poder político por un tiempo determinado. La legitimidad en un inicio puede ser real pero se puede perder con el ejercicio abusivo del cargo, nuestro caso más paradigmático es el de Jorge Serrano.

Vivimos la peor crisis sanitaria de nuestra historia. Vimos y escuchamos a la Doctora Iris Cazali en el Congreso en nombre de médicos y expertos, sobre la necesidad de tomar medidas drásticas. El Covid19 y su variante Delta mata, enferma y deja secuelas sociales y económicas sin parangón, existe escasez de medicamentos, no hay personal suficiente, un buen amigo tuvo que canalizar a su hijo contagiado con una enfermera dirigiéndole por el celular al no encontrar quien lo hiciera, así están las cosas.

El Congreso de la República rechazó la decisión presidencial del Estado de Calamidad y con esto ya son dos los denegados. ¿Por qué el Congreso rechazó y ni se preocupó en proponer enmiendas para modificar lo establecido desde el Ejecutivo? La respuesta para este escribiente es que Alejandro Giammattei y su equipo enfrentan una seria y difícil crisis de legitimidad, las argumentaciones para el rechazo se pueden reunir en dos grandes grupos, el primero, existe incapacidad para gerenciar la crisis, y el segundo, los Estados de Excepción han servido para una corrupción descomunal, no es casualidad ver como fervientes aliados del oficialismo a la UCN y a los ahijados de Jimmy Morales del FCN.

Mientras los diputados representan nuestra desconfianza, seguimos siendo de los países latinoamericanos con peores números, los hospitales desbordados, el personal exhausto mental y físicamente, nos enteramos de las vacunas por cuentas privadas en redes sociales, no fluye la información y no se luz.

La legitimidad de nuestros gobernantes nos está poniendo en riesgo y esto es grave, porque si el Presiente considera toda crítica como obstrucción solo se hundirá más en el fango construido, en buena parte por su propio equipo. El viraje en el cambio de rumbo, luego de este zarpazo legislativo debe ser evidente, no se trata de normas, leyes, reglamentos o políticas, sino de garantizar la vida y la salud.

La desconfianza por corrupción o incapacidad hacia el equipo de gobierno está en el tablero, el virus seguirá avanzando y los contagios creciendo, la vacuna evita gravedades, pero no impide la enfermedad y muy malos ratos, además niños están falleciendo o en cuidados intensivos. La respuesta del sistema de salud dependerá de las decisiones del sistema político, no hay planes de vacunación para menores y estamos dejando a los más vulnerables, una vez más, como los pagadores de las incapacidades de quienes nos hacemos llamar ciudadanos responsables. En este momento solo Dios podrá aplanar la curva de contagios, porque nosotros, los humanos de este país no hacemos mucho para ello.

Si no existe un principio moral y ético para respetar el ejercicio del poder todo el diseño constitucional se viene abajo y en este contexto nos jugamos la vida o la salud, de acá que si no hay virajes de rumbo estamos condenados.