Si me permite

La lengua materna es parte de la identidad

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“Cada comunidad que puede acceder en su lengua materna, reafirma su identidad cultural, reafirma su realidad como pueblo”. Dr. Esteban Voth

En nuestros días es más fácil viajar y alejarse de la tierra que nos vio nacer, lo cual debe ser aprovechado y utilizado para aprender nuevas cosas y adquirir vivencias que nos pueden enriquecer para ampliar nuestro panorama. Pero esto nunca debe dar lugar para que nos olvidemos de nuestra lengua materna, con la que fuimos criados y, ¿por qué no?, también fuimos formados.

Cuando alguien puede aprender nuevos idiomas puede llegar a la conclusión DE que cuando se quiere expresar algo de corazón y con todos los sentimientos con los que hemos sido equipados no hay nada más gratificante que nuestra lengua materna. Es común escuchar a algunos que cuando quieren expresar algo primero lo dicen en su lengua nativa y luego ellos mismos lo traducen.

Esto afirma la realidad de que lo formativo está en primer lugar y luego viene el elemento que nos permite comunicarnos. Cuando alguien ha tenido la oportunidad de aprender más de un idioma es probable que al meditar y pensar lo haga en la lengua materna. Esto no solo nos da una identidad muy particular que nos puede identificar, sino también desarrolla nuestra personalidad, la cual, a través de la lengua que hablamos, nos desarrolla pertenencia a un pueblo y a una historia que consideramos como nuestra sin tener que hacer publicaciones de ello.

Es muy agradable hablar la lengua en la que fuimos formados porque cuando la hablamos sentimos una gratificación, porque le añadimos matices que enriquecen nuestro pensamiento y también el argumento de lo que estamos diciendo. Esto es tan importante tenerlo presente para que no perdamos nuestra lengua materna, y no importando lo que otros opinen o digan debemos persuadirnos de que es lo nuestro y nos pertenece.

En algunos medios tristemente se califica de ser mucho más educado cuando se puede hablar cierto idioma, y eso no es verdad, puede ser que nos dé una mayor aceptación en el medio, pero eso no debe, en ningún momento, sustituir nuestra pertenencia e identidad. Y con la añadidura de que nosotros no la escogimos, sino es parte del legado que nos dejaron nuestros mayores y nuestros ancestros, lo cual implica que tenemos la obligación de saber que lo debemos pasar a nuestra próxima generación.

Claro está que no es asunto de una imposición, sino un deber que ellos tendrán que tomar o dejar. Lo importante es que nosotros estemos seguros de que hicimos nuestra parte. Una lengua materna tiene la habilidad de definir en nosotros una identidad que se inicia en los marcos culturales y se extiende en la cosmovisión que elaboramos cuando la hablamos y la escuchamos, que para aquellos que no la entienden no es simplemente una traducción de lo que se ha dicho, sino también una interpretación para que lo comprendan, siempre que esto se pueda lograr.

Viviendo en un país donde la diversidad de idiomas y lenguas es tan amplia, debemos, en primer lugar, valorarlo, para enseñarlo a los nuestros. No todo está perdido, todavía estamos a tiempo de recuperar el terreno perdido y hacer la tarea necesaria para aprenderlo, si no lo hemos hecho, y si lo sabemos, debemos conservarlo, no para presumir de un conocimiento, sino para funcionar por el conocimiento que tenemos.