Con otra mirada

La magia del poder o casa embrujada

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

Publicado el

Nací en 1947, y por la cercana amistad de mi padre con Jacobo Árbenz tengo vívidos recuerdos de su período presidencial, lo mismo que los efectos de la contrarrevolución. Asumió el cargo el 15Mzo1951 y renunció el 27Jun1954, cediendo el poder al coronel Carlos Enrique Díaz de León. La figura de quien propició el golpe de Estado, siguiendo el libreto de la Ufco, bajo la dirección de la Secretaría de Estado y la CIA, fue la del traidor Carlos Castillo Armas.

Los meses que siguieron fueron una especie de obra de teatro de pésima calidad, tanto por el guion como por sus actores, siendo el referente escenográfico los resabios del festín de la “invasión” de los liberacionistas, la intimidación a la población y los sobrevuelos del Sulfato, ametrallando hacia la Guardia de Honor, en picada, desde la avenida Bolívar.

La pugna por el poder desató en Raimundo y todo el mundo las ganas por alcanzarlo. Después de Díaz de León gozaron del efímero poder: Elfego Monzón y cuatro juntas militares; la última lo entregó a Castillo Armas (4Nov54 al 26Jul57), quien desbarató hasta donde pudo el proceso de descolonización emprendido en octubre de 1944 con la meritoria intención de hacer de Guatemala un país independiente dentro del marco de desarrollo económico y comercial capitalista. Su ambición presidencialista lo llevó a ser asesinado dentro de la Casa Presidencial, por personas evidentemente cercanas, pues de lo contrario ¿cómo perpetrar un magnicidio, sin investigación seria ni consecuencia alguna?

Durante los últimos meses del 57 le siguieron otros nombrados: Luis Arturo González López, otra junta militar y Óscar Mendoza Azurdia. En 1958, Guillermo Flores Avendaño. Ya electos: Miguel Ydígoras Fuentes, 1958-63; Enrique Peralta Azurdia; 1963-66; Julio César Méndez Montenegro, 1966-70; Carlos Manuel Arana Osorio, 1970-74; Kjell Eugenio Laugerud García, 1974-78; Fernando Romeo Lucas García, 1978-82; junta militar, 1982-83; Óscar Humberto Mejía Víctores, 1983-86; Vinicio Cerezo, 1986-91; Jorge Serrano Elías, 1991-93; Gustavo Espina, 1993; Ramiro de León Carpio, 1993-96; Álvaro Arzú Irigoyen, 1996-2000; Alfonso Portillo, 2000-04; Óscar Berger, 2004-08; Álvaro Colom, 2008-12; Otto Pérez Molina, 2012-15; Alejandro Maldonado Aguirre, 2015-16; Jimmy Morales, 2016-2020; Alejandro Giammattei, 2020 al presente. De Mejía Víctores hacia atrás, la mayoría fueron militares.

Un común denominador a cargo del manejo de la seguridad y comodidad en Casa Presidencial fue el Estado Mayor de la Presidencia, convertido en Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia (SAAS), entidad de naturaleza civil… pero en manos de militares, atenta a satisfacer los más recónditos y no expresados deseos del presidente, Vicepresidente y familia. Entorno a esos organismos, los acuerdos de paz de 1996 identificaron los denominados Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad, incrustados en el Estado, que a partir de 2006 combatió la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.

La existencia de esas estructuras permite entender o al menos lucubrar cómo quien llega a ocupar la silla presidencial, sin importar su formación y credenciales, sufre una inesperada transformación, sea por la magia del poder o porque la Casa Presidencial sencillamente está embrujada. Desde el derrocamiento de Árbenz pasaron frente a mí 67 años, a lo largo de los que creí haber visto de todo, pero ¡qué va!

Con cada cambio de gobierno no deja de sorprenderme cómo el nuevo dignatario supera al anterior, lastimosamente en sentido inverso a lo que el ciudadano de a pie espera: satisfacer sus necesidades básicas. Y si de exigir se tratara, bienestar, desarrollo y progreso para nuestro, hasta ahora, maltratado país.