Si me permite

La mente se disciplina para evitar laberintos

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La mayor parte de veces, la alegría es conquistada por una rigurosa disciplina”. Ralph Waldo Emerson

Cuando estamos tratando asuntos de disciplina, lo primero que se piensa es que habrá privaciones y que algunas cosas no las podremos hacer. Aunque esto fuera verdad debemos admitir que ese concepto de disciplina no es correcto, sino todo lo contrario. La disciplina es algo que nos encamina a los logros que nos proponemos y por ello nos mantiene con una claridad meridiana para no confundirnos, y mucho menos desviarnos de la meta que nos hemos propuesto.

Hay momentos en los que nos distraemos, pero esto puede ser por cansancio que el cuerpo tiene o simplemente porque algo nos llama la atención, y enfocamos nuestra vista e interés a algo diferente de lo que estamos haciendo. Pero cuando nos hemos impuesto ciertos logros, la distracción no nos sorprende, posiblemente nos interesa algo diferente de lo que estamos haciendo, pero la voluntad nos recuerda lo que está en nuestra prioridad y es algo suficiente para mantener nuestra atención en lo que nos ocupa.

Usualmente, cuando no nos exigimos o no nos disciplinamos para hacer lo que nos hemos propuesto, nos encontramos perdidos en cosas que no tienen nada que ver con nuestras metas, y es como si estuviéramos en un túnel, preguntándonos por qué estamos en lo que estamos cuando no era nuestro propósito llegar allí, sino había otros planes e intereses que nos habían ocupado.

Cuando nuestros intereses están claros y conocemos nuestras capacidades y los planes que nos hemos trazado, los elementos externos para alcanzar nuestros objetivos son secundarios. Argumentar que la falta de silencio u otra cosa nos afecta para concentrarnos es simplemente una excusa, nuestro interés es el que genera el silencio para nosotros y lo demás que sucede está fuera de nosotros y ajeno a la capacidad de hacer lo que nos hemos propuesto.

Muchas de las indecisiones no son más que falta de una disciplina formativa para determinar metas y objetivos claros, y una vez que están establecidos, saber avanzar con prudencia para que cada paso que avanzamos sea un logro parcial hasta poder llegar a lo planificado, y así disfrutar de una gratificación plena y poder visualizar nuevos retos que permiten a nuestra mente guiarnos con serenidad y con claridad.

Muchas oportunidades en la vida nos llevan a dejar proyectos o desafíos que en cierto momento nos habían llevado a poner toda la emoción y voluntad y por alguna razón perdimos interés o posiblemente es mejor aceptar que no tuvimos la debida disciplina para persistir y superar los imprevistos o inconvenientes para alcanzar la cumbre que habíamos vislumbrado alcanzar. Claro está, si tuvimos el descuido de culpar a terceros por ello es mucho peor, porque no aprendimos una lección importantísima para que en una próxima vivencia no se nos repita el mal sabor de una meta no alcanzada.

Debemos diariamente evaluar cuál es nuestro avance y cuál fue nuestra determinación para evitar los laberintos que la vida nos presenta y poder de esa manera avanzar disciplinadamente, haciéndonos un bien a nosotros mismos, pero también con ese modo de vida hacer un bien a la sociedad de la cual somos parte y pertenecemos para hacer las cosas responsablemente cada día de nuestra vida productiva.