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La neolengua como instrumento político

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Estimado lector, ¿alguna vez ha sido acusado de “fascista” o “comunista” por alguien que tiene una opinión diferente a la suya? ¿Ha percibido que expresar una opinión utilizando ciertos términos conduce a una batalla campal con quienes difieren ligeramente con usted? Por lo tanto, ¿se ha dado cuenta que algunas palabras ya no tienen el mismo significado que antes o que términos completamente diferentes ahora son lo mismo?

Esto es cada vez más común en el mundo entero, y Guatemala no es la excepción. El fenómeno de la neolengua ha llegado a nuestro país. Este término fue acuñado por George Orwell en su novela 1984 y se refiere a una forma simplificada del idioma que se utiliza para controlar y manipular los pensamientos políticos de una población. En la novela de Orwell, la neolengua tiene el efecto de eliminar el pensamiento crítico pues la simplicidad del idioma hace imposible articular diferentes conceptos, haciendo que estos dejen de existir. Lo que queda es un lenguaje muy sencillo, que no requiere mucho entendimiento y que sirve a los propósitos de quienes lo implementan.

Podemos ver un ejemplo de ello en los últimos acontecimientos en Guatemala. Recientemente la población ha manifestado de diversas formas su descontento y rechazo hacia la corrupción, la gestión de la pandemia y demás problemas que se arrastran año con año. Algunos se sumaron a la convocatoria de un paro nacional, otros a manifestaciones, marchas o bloqueos de carreteras. Cada una de estas acciones son diferentes y tienen sus peculiaridades. Sin embargo, lo que hemos visto en las últimas semanas es que se trata de equiparar “paros” con “bloqueos”, a la vez, “bloqueos” con “manifestaciones.” Términos completamente diferentes y aparentemente simples se transforman en uno solo o son utilizados como si fueran lo mismo. Esto nos da luces de cómo en la actualidad, adueñarse del lenguaje puede conducir a adueñarse de la verdad puesto que los bloqueos de carreteras ya no son una acción que viola los derechos de otros, sino una forma aceptable para protestar contra el gobierno. A su vez, esta forma de neolengua convierte las palabras en instrumentos para definir quienes son amigos o enemigos. Bajo esta lógica, quienes no se suman a un paro o a apoyar bloqueos de carreteras son catalogados como enemigos de las consignas ciudadanas, incluso como opositores de que otros expresen su descontento. Esto no es necesariamente cierto.

Hay que estar alertas ante este fenómeno. El filósofo Roger Scruton advertía que la neolengua manipula las palabras e intercambia sus significados para ganar simpatías a posturas ideológicas. El lenguaje se vuelve un instrumento para servir los fines de quienes la manejan y en el caso de nuestra sociedad, con el ejemplo antes mencionado, lo que menos se termina atendiendo es el descontento de la población. Lo que aumenta es la división y polarización.

En efecto, la simplicidad de la neolengua limita el diálogo hasta hacerlo inexistente. A la vez, genera etiquetas falsas para usar en contra de quienes piensan distinto a nosotros y nos hunde cada vez más en una polarización agobiante. A estas alturas del partido, para conservar lo que tenemos de una república democrática, no debemos estar dispuestos a vivir sin el diálogo. Este es es una de las herramientas más poderosas que tenemos los ciudadanos para tender puentes, empujar propuestas y hacer de Guatemala un mejor país.