Con otra mirada

La planificación no es un juego

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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Quetzaltenango y La Antigua Guatemala tienen en común que cuentan con un Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Para la primera, el Concejo lo propició, aprobó y publicó en julio 2017. La segunda tiene varios, el último fue entregado al Concejo en febrero 2019. Ninguno ha sido aprobado. Dos administraciones decidieron jugársela, administrando el crecimiento urbano del territorio en función de compromisos adquiridos.

En el ejercicio de la profesión, en 1999 entregué el estudio sobre el Centro Histórico de Quetzaltenango, auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. En 2017, al conocer la publicación del POT, junto a otros colegas, ofrecí al alcalde, doctor Luis Grijalva, asesoría técnica externa, para fortalecer el plan desde la gestión social del territorio, que permitiera potenciar la visión que los ciudadanos tienen de su ciudad, ya que el ordenamiento territorial debe representar ventajas para todos; acción en la que el sector productivo, comerciantes y ciudadanos salgan ganando, atendiendo, además, el hecho de que la planificación estimula el sentido de pertenencia. Nada de eso sucedió y lo que debió ser un instrumento de desarrollo, políticamente fue tergiversado, llevando a la actual administración a enfrentarse con toda una comunidad, el Valle de Palajunoj, que ahora reclama el vil engaño del que fue objeto durante la pasada campaña electoral. Jugar sucio en política puede resultar caro.

En La Antigua Guatemala, un proyecto comercial mal concebido e irresponsablemente autorizado en julio 2000 provocó el rechazo de la población, rechazo hecho llegar a oídos de la Convención de Patrimonio Mundial de Unesco. La queja indujo una misión técnica para evaluar el estado de conservación de la ciudad y sus riesgos, misión que dictó tres recomendaciones al Estado: Preparar un plan de ordenamiento territorial, hacer reformas a la ley protectora y crear una vía periférica de la histórica ciudad para evitar el tránsito pesado. El Estado y las autoridades locales no se dieron por enterados.

Pasada la tormenta, los vecinos tuvieron el apoyo del Concejo, que aceptó crear la Unidad Técnica de Desarrollo, desde la cual se dictaron reglamentos, propusieron proyectos de estacionamientos periféricos y peatonización de calles y se preparó el esquema de Plan de Ordenamiento Territorial, que, una vez entregado, no fue aprobado y la unidad técnica fue desintegrada.

Seguidamente hicieron una amplia convocatoria para estudiar la ley protectora y redactar sus reformas, que una vez consensuadas fueron presentadas al Congreso de la República. Actualmente está pendiente su tercera lectura por artículos. Se hizo un esquema de la vía periférica, atrás de las montañas, para no alterar el paisaje natural del valle, visto desde la ciudad, que el Ministerio de Comunicaciones recibió con interés, pero no hizo nada. Ante autoridades ausentes, el comercio cambió el uso del suelo, transformando la histórica ciudad en un centro comercial a cielo abierto y bares de baja estofa.

Los nuevos proyectos habitacionales en espera de aprobación ignoran la existencia de las aldeas al sur y la autoridad municipal rechaza su importancia urbana e histórica. Los vecinos piden conocer los planes para resolver problemas de movilidad, ampliación de la carretera, trazo y construcción de otras vías de acceso y calles secundarias; áreas deportivas, escuelas, centros de salud, mercado y áreas comerciales que satisfagan la demanda actual, así como la futura, derivada de la presencia de cientos de familias que se prevé harán uso de las nuevas viviendas en detrimento de su actual calidad de vida.

No planificar puede ser como jugar con fuego.