De mis notas

La protesta terrorista

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

La protesta terrorista se está haciendo cada vez más frecuente en Latinoamérica. Y es un hecho comprobado que la manifestación extremista y radical tiene cerebro, manos, pies y cuantiosos recursos, para activarse en donde quiera que existan caldos de cultivo de insatisfacciones sociales. Penetran las manifestaciones pacíficas, las envenenan y las manipulan utilizando la pérdida de la identidad grupal, los conocimientos de la psicología de masas y el manejo de inteligencia de expertos en redes y propaganda, con experiencia en este campo desde hace décadas.

Causó una grata sorpresa, hay que admitirlo, el comunicado de la Organización de Estados Americanos (OEA) del pasado 23 de octubre, una organización que en los últimos años ha mantenido más bien una política de conveniencias diplomáticas debido a la dificultad de alcanzar los consensos necesarios de sus miembros para cumplir con los principios de su razón de ser.

El comunicado de la OEA decía: “Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse, no a través de un proceso de reinstitucionalización y redemocratización, sino a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas, pero esencialmente financiar, apoyar y promover conflicto político y social”.

“Las brisas bolivarianas no son bienvenidas en este hemisferio. Condenamos firmemente la amenaza de exportar malas prácticas y desestabilización a Colombia realizada por ese personero de la dictadura bolivariana”.

“La estrategia de desestabilización de la democracia a través del financiamiento de movimientos políticos y sociales ha distorsionado las dinámicas políticas en las Américas. Durante años, la dictadura venezolana, con apoyo de la dictadura cubana, institucionalizó en la región sofisticadas estructuras de cooptación, represión, desestabilización y de propaganda mediática. Por ejemplo, el financiamiento de la dictadura venezolana a campañas políticas ha sido una de las formas efectivas para incrementar capacidades de generar conflictividad…” (fin de la cita).

No pudo comunicarlo mejor la OEA. Es la realidad que se percibe en los estallidos sociales de chile, Bolivia, Ecuador y Honduras. Pero auscúltese cada una de estas revueltas con un lente más fino y se hará evidente el seguimiento a la agenda del “Foro Sao Paulo”, que, como lo señala Alejandro Peña Esclusa en su ensayo Foro de Sao Paulo. Una amenaza continental: “Este Foro se opone verbalmente al terrorismo y la violencia, pero dentro de sus filas existen grupos guerrilleros, como las Farc y el ELN, que practican diariamente el terrorismo y la violencia. Igualmente condenan el narcotráfico, pero existen pruebas irrefutables de la vinculación de algunas de sus organizaciones con la producción y comercialización de narcóticos, siendo los más conspicuos de ellos los movimientos guerrilleros colombianos”.

“Los integrantes del Foro de Sao Paulo han diseñado un ingenioso mecanismo maligno pero efectivo que cumple una doble función: cuando están en la oposición, les sirve para derrocar gobiernos legítimamente constituidos; y cuando están en el gobierno, les sirve para acabar con la oposición y mantenerse en el poder. El mecanismo consiste en diseñar, planificar y ejecutar un enfrentamiento armado, que produzca muertos y heridos, para posteriormente achacarle la responsabilidad de la violencia a sus adversarios. De esta forma se provoca una crisis política, que inclina la balanza a su favor”. (fin de la cita).

Conclusión: La protesta social es legítima, pero cuando se desvía a la destrucción masiva de infraestructura pública, propiedad privada y a la persecución salvaje de ciudadanos, lo que sale a la luz es el terrorismo en su forma más execrable, capaz de cometer los peores actos de salvajismo y crueldad humana.

Sin ley hay caos, sin estado de derecho, anarquía.