Escenario de Vida

La tregua de Navidad de 1914

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Si existe una forma de celebrar la Navidad, tenemos que remontarnos al año 1914. Fue insólito recordar el episodio histórico que revela cuando aproximadamente cien mil soldados británicos y alemanes participaron en el cese el fuego. ¿Y por qué? Porque sintieron la necesidad de expresar amor al prójimo, que fue lo que nos vino a enseñar Jesucristo.

Todo fue sin importar el bando donde estuvieran peleando, y aunque sabían que después de dicha tregua serían fuertemente castigados por sus superiores, se la jugaron. En esos momentos contaba más vivir la verdadera expresión de la Navidad que matarse entre sí.

Los alemanes se habían preparado semanas antes colocando árboles de Navidad y velas en sus trincheras. Las dos partes se gritaban saludos navideños y poco después se fueron acercando los unos a los otros con banderas blancas en solicitud de tregua.

Lo que pasó en Navidad fue insólito. Walter Congreve, el general comandante de la 18a. Brigada de Infantería, ubicada cerca de Neuve-Chapelle, recordó que en Nochebuena lo celebraron cantando villancicos navideños en alemán, mientras los británicos hicieron lo mismo, cantando sus propios villancicos en su idioma, cuando uno de sus hombres levantó valientemente la cabeza por encima de la trinchera y oficiales y soldados de ambos bandos se intercambiaron pequeños obsequios, como tabaco, cigarros, alcohol, botones y sombreros.

Algunos se hicieron tan amigos, que hasta se mostraban las fotos de sus novias o esposas. La artillería cesó todo fuego y se permitió que los soldados de ambos bandos enterraran a sus muertos en conjunto. En esa Nochebuena la tregua se alargó y hasta jugaron futbol el 25 de diciembre, en Navidad.

Los soldados de ambos bandos se dieron la mano y uno de sus capitanes dijo que se “fumó un puro con el mejor tirador del ejército alemán”. Henry Williamson, un soldado de 19 años de la Brigada de Fusileros de Londres, escribió a su madre el 26 de diciembre: “Querida madre, te escribo desde las trincheras. Son las 11 de la mañana. En mi boca hay una pipa con tabaco alemán. Jajá. Ayer, los británicos y los alemanes se reunieron entre las trincheras, intercambiaron recuerdos y se dieron la mano. Sí, todo el día de Navidad, y mientras escribo. Maravilloso, ¿no?”

El capitán sir Eduard Hulse informó: “Fue absolutamente asombroso y si lo hubiera visto en una película, ¡debería haber jurado que era falso!” El capitán Robert Miles, infantería ligera de Shropshire del rey, escribió, “Viernes. Estamos teniendo el día de Navidad más extraordinario que se pueda imaginar. Existe una especie de tregua desordenada y absolutamente desautorizada, pero perfectamente comprendida y observada escrupulosamente entre nosotros y nuestros amigos del frente. La cosa empezó anoche, una noche fría, con escarcha blanca, poco después del anochecer cuando los alemanes empezaron a gritarnos ¡Feliz Navidad, ingleses! Por supuesto, nuestros compañeros respondieron a gritos y en ese momento un gran número de ambos bandos habían abandonado sus trincheras, desarmados, y se habían reunido en la discutible y acribillada tierra de nadie. Aquí se llegó a un acuerdo. No se disparó ni un solo tiro en toda la noche”.

Este cuento de la historia parece salido de una película de Hollywood, pero es verídico. Ojalá nos sirva en esta Navidad para unirnos entre nosotros, olvidar viejos rencores, perdonar a quienes nos han ofendido y amar a todos por igual.