Miramundo

La violencia que no sorprende

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Paola Rímola Samayoa, María José Echeverría Duarte y David Eliseo Fuentes Medina fueron encontrados asesinados el sábado. Fuentes Medina fue hallado en la ruta hacia Taxisco, Rímola Samayoa en el kilómetro 166 de la ruta al Pacífico y Echeverría Duarte, en Santa Lucía Milpas Altas; el vehículo en el que los tres se conducían, dentro de una finca en Taxisco, Santa Rosa. Los asesinos tienen capacidad logística para escoger cuatro lugares y mandar un mensaje de poderío e impunidad.

A quienes nos ha tocado la mal llamada “delincuencia común” nos duelen hasta el tuétano las narrativas en torno a su justificación. Rechacemos los mensajes para normalizar la bestialidad, “¿si hay tres mil crímenes, por qué más interés en este?”, dicen algunos, y así arman una ilación para enseñarnos a no condenar y menos exigir.

Exijamos a la Policía Nacional Civil y al Ministerio Público, a pesar de las desarticulaciones de este y el anterior gobierno, resultados concretos en torno a los responsables de esta cobardía. Si una de las víctimas era o no investigada por alguna fiscalía o si fue o no mencionada en notas de prensa importa un rábano; el punto son tres cobardes asesinatos.

El ministro de Gobernación debe darle prioridad directa a un crimen de esta magnitud porque, más que un lamentable delito, es un mensaje: hay organizaciones con poder para hacer lo que les da la gana y las autoridades no combaten a poderosos. ¿Qué ha hecho Gendri Reyes con relación a los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad?
Este asesinato tiene cobardes sicarios, pero también medrosos autores intelectuales que con pagar centavos a infelices, de seguro, se vanaglorian de sus decisiones al saberse impunes.

Justo también este fin de semana, en la entrada del condominio Cañadas de Arrazola, dos sicarios asesinaron a tiros a María Elisa Flores y dejaron heridas a dos personas más, en pleno día, sin importarles ser grabados por las cámaras. Los “valientes” iban en moto y las imágenes virales nos muestran cómo uno baja de ella, descarga 10 tiros y huyen. Esta ruta es la que conduce a los centros penitenciarios de Fraijanes y por eso debe haber muchas más cámaras de lo normal y más seguridad de lo común.

Crímenes es cierto, hay todos los días y existen todos los días porque somos una ciudadanía sin exigencias y cómplice de la impunidad. Hemos visto en varias ocasiones cómo se captura a hechores materiales, pero muy rara vez se encuentra a los autores intelectuales, a quienes pagan para eliminar y luego se sientan en su mesa con su familia y quizás sentirían alguna vergüenza si sus padres o sus hijos supieran la calaña que encarnan.

La violencia es injustificable, pero la violencia sí tiene explicaciones, y para los guatemaltecos la principal es que por décadas hemos tejido una narrativa y una estructura proclive a la impunidad. Ante un crimen, rápido se escucha “¿en qué habrá estado metido?”, y así, en lo individual se construye un edificio difícil de derrumbar para justificar el delito.

Hace unos años fueron asesinados los abogados Lea de León, Rodolfo Vielman y Francisco Palomo, por citar solo tres colegas víctimas de la cobardía. El sistema juzgó a los sicarios materiales, pero ¿quiénes dieron el dinero y quiénes ordenaron la ejecución?

La vida de la persona es inviolable, no podemos permitir la existencia de violentas y poderosas estructuras de poder. Los crímenes comentados en estas líneas son resultado de un sistema de justicia indolente y de autoridades permisivas y, debemos decirlo, en ciertas situaciones hasta cómplices. Esto nos amenaza a todos.

Si la violencia no sorprende, dejamos de ser humanos.