Aleph

Las candidatas en la lotería electoral

Carolina Escobar Sarti cescobarsarti@gmail.com

e habla de 26 partidos compitiendo en las elecciones de junio, con lo cual imagino que la papeleta electoral parecerá más cartón de lotería que comprobante de votos. Hago la analogía porque nuestras elecciones han resultado ser, históricamente, un juego de azar. En nuestro frágil intento democrático, terminamos casi siempre votando, pero no eligiendo. Además, están los infaltables “ponepresidentes”, esos que marcan a su antojo los cartones de los ganadores que ponen y quitan. En sus cartones, los ganadores se alinean con lo acordado previamente, hasta el grito de “¡lotería!”, que en realidad no era sino lotería cantada. Así se juega a la democracia por aquí.

Vale la pena recordar que todos los Estados modernos, cunas de la democracia, nacieron sin la participación de las mujeres. Esto dejó por mucho tiempo a la mitad de la humanidad fuera. Por ello, llama mucho mi atención que varias mujeres compitan como candidatas presidenciales y lideren las encuestas en estas elecciones. Esta ruta la inició en su momento Rigoberta Menchú, cuando Guatemala aún no estaba lista para este tipo de liderazgos. Y es que cuando las mujeres participan, no solo se abre una oportunidad para construir una democracia real y participativa, sino también para ampliar el debate sobre su papel en la vida pública, sobre las maneras de ejercer el poder y sobre la importancia de su enfoque para diseñar un proyecto de Estado. Serviría recordar el machismo que nos ha cruzado a todos y todas, para que no les exijamos a ellas lo que jamás se exige a los candidatos hombres o para que dejemos de juzgar su ropa, su cuerpo y su maquillaje, en lugar de sus ideas, propuestas y acciones. Por eso es tan cuestionable lo de la meritocracia sin acciones afirmativas previas.

¿Hablar de gobiernos feministas como el de Suecia? Definitivamente no en una Guatemala conservadora, donde se juzga con mayor dureza, burla y desconfianza a las mujeres que a los hombres que ejercen el poder político. Muchos aún no les perdonan a ellas estar en “territorio masculino” y salir del ámbito privado para votar y ser electas. Verlas participar me recuerda que todo proyecto de Estado se diseña en el ámbito público, y que si las mujeres no participan en él no son contempladas en ese proyecto, o al menos no desde sí mismas.

Cuatro mujeres participando en los binomios presidenciales es un termómetro del estado de cosas en la sociedad guatemalteca actual. ¿Los liderazgos masculinos están siendo cuestionados? Claro que entre ellas hay diversidad de enfoques, porque no seremos nunca todas iguales: hay quienes representan a la Guatemala conservadora, machista y corrupta que conocemos; están las que representan la lucha anticorrupción y a favor de las mujeres, pero dentro de un marco relativamente conservador; hay quienes tienen un enfoque tradicional del papel de la mujer en la sociedad, aunque políticamente sean más atrevidas; y está quien representa al pueblo desde una visión no tradicional criolla o mestiza. Al escribir este artículo no he conocido aún sus planes de gobierno, no sé mucho de sus equipos de trabajo, no las he escuchado debatir juntas sus ideas. Sin embargo, todas ellas han participado antes en distintos espacios de la vida pública, y desde allí podemos valorar su forma de pensar y actuar.

El mecanismo democrático por excelencia es el voto, pero la democracia es mucho más que eso, y nuestro compromiso cívico ha de trascender las urnas. Las mujeres que hoy participan son parte de la ciudadanía, la sociedad y el Estado; su sola presencia las hace visibles y por ello existen. Esto ya es un fin en sí mismo, porque los imaginarios cambian y se normalizan otras maneras de ser mujer. La puerta seguirá abriéndose, ojalá, hasta que un día no haya más techo de vidrio para ellas. Entonces viviremos en democracia.