Miramundo

Las madres niñas

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Publicado el

En 2022, según datos del Observatorio de Salud Reproductiva, de enero al 23 de marzo se registraron 508 embarazos de niñas de los 10 a 14 años; el año pasado fueron 2,124 entre el mismo rango de edad.

Ayer se celebró el Día de la Madre, pero, como todo, el consumismo nos pierde frente al significado de las fechas. En Semana Santa solo pensamos en vacacionar, en Navidad nos nublan las ganas de gastar, ahora hasta en el Día de la Mujer se regalan chocolates y la mayoría de patojos están perdidos de la razón por la cual el 1 de mayo es “feriado”.

De acuerdo con nuestro Código Penal, es violación todo acceso carnal con una persona menor de 14 años. En este sentido, ¿terminará el embarazo de niñas metiendo presos a todos los violadores? O, por el contrario, ¿los esfuerzos penales deben ir acompañados de verdaderas políticas sociales de prevención, educación y dignificación? ¿Cuántas violaciones existen de niñas sin causar embarazo? ¿cuántos niños varones son violados también? La mayoría de los embarazos de niñas ocurren en el seno de la familia, alguien cercano engendra a un bebé y la niña no tiene más opción que parir y regresar al mismo lugar donde, de seguro, será de nuevo víctima.

Con estos números impresiona cómo los guatemaltecos somos tan poco interesados en cambiar una realidad que no puede generar bienestar para nadie. Tenemos respecto de los demás países latinoamericanos de los peores indicadores sociales, mala nutrición, mal rendimiento escolar y mucha deserción; la prostitución y trata crecen en todo el país, organizaciones juveniles cercanas a las maras cada vez son más extensas, ¿y cómo queremos cambiar esto si somos incapaces de reaccionar frente a miles de niñas teniendo bebés? ¿Cómo vamos a reaccionar frente a los varones víctimas de agresiones sexuales y que ni siquiera existen en las estadísticas oficiales?

Escapar de nuestra realidad, como hacemos con muchísimos temas, jamás ayudará, y la violencia generada en el seno del hogar nos obliga a replantear, primero, el concepto de familia; segundo, el papel que el Estado debe jugar, y por último la forma como se imparte educación. El empoderamiento informado de la niña y del niño es fundamental para poder hacer frente a este flagelo y crear capacidad de respuesta eficiente. La educación sexual es vital.

Los “hogares seguros”, que deberían brindar cobijo, educación, seguridad, guía y, sobre todo, opciones para miles de niños, son muestra patente de desinterés, como lo demostró el expresidente Jimmy Morales al dejar, con su desidia, quemarse a 56 niñas e interesarse solo, en nombre de Dios, de su impunidad. Si queremos un país con futuro empecemos por el inicio, por la familia y la protección a los bebés, niños y adolescentes; modificar sustancialmente la forma como se educa, establecer nuevas políticas sociales de prevención, interesar al Ministerio Público para perseguir a violadores, diseñar una nueva legislación familiar —la que tenemos cumple este año 58 sin mayores cambios—, pero, sobre todo, crear conciencia de que el abuso no es normal.

A las niñas madres no podemos llegar con cinismo a desearles un feliz 10 de mayo, sino que ellas, en su lucha y martirio, nos obligan a cambiar el rumbo cuando vemos la monstruosa incapacidad del Ministerio de Educación, cuando escuchamos sobre los “esfuerzos” del Ministerio de Desarrollo y sus prioridades, cuando vemos docentes como Joviel Acevedo medrar a costa de los más vulnerables. Forjemos nuevos espacios de conciencia colectiva y visibilicemos el calvario de muchas familias en las cuales la violencia sexual es diaria, normalizada y grotesca.