Punto de encuentro

Las muertes evitables

Marielos Monzón @MarielosMonzon

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La pandemia en Guatemala está fuera de control. Los contagios se han multiplicado vertiginosamente y la presencia de la variante Delta —50% más contagiosa que la cepa original— está causando estragos. Los hospitales públicos siguen al borde del colapso y el personal médico y de salud está agotado física y emocionalmente.

Los pacientes recibiendo tratamiento en el suelo, las personas fallecidas en la vía pública y las escenas de inmenso dolor de las familias que a diario reciben la noticia de la muerte de uno de sus seres queridos, son la muestra palpable de que el virus nos está ganando la batalla.

Las vacunas previenen las muertes y los casos graves y, como consecuencia, disminuyen la saturación en los hospitales y eso es lo que no se está logrando. El plan de vacunación avanza muy lentamente -apenas el 7% de la población tiene las 2 dosis y no se ha llegado al 50% de la cobertura en personas mayores de 50 años, el grupo de mayor riesgo-.

Con base en las condiciones actuales -el número de muertes diarias, las medidas de prevención y el ritmo de la vacunación- el Instituto de Medición y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington proyecta que para diciembre se registrarán en Guatemala, 23 mil fallecimientos. La cifra podría aumentar a 31 mil, en el peor de los escenarios, si las condiciones de vacunación y prevención continúan deteriorándose.

Cualquiera de los dos resulta dantesco. Sobre todo porque, si se tomaran las decisiones adecuadas, muchas de esas muertes podrían evitarse. No lo digo yo, lo dicen los especialistas. “La prioridad debe ser prevenir la enfermedad grave, la hospitalización y las muertes” y en nuestro contexto actual eso solo se logra con un agresivo plan de vacunación y la reducción requerida de la movilidad social mientras la inoculación avanza.

Por supuesto que el enfoque debe ser integral. Para que las personas puedan quedarse en casa es preciso garantizar un apoyo económico dirigido a las familias y comunidades más postergadas. Implementar sin más demora un plan de apoyo para las y los trabajadores de la economía informal y para las pequeñas y medianas empresas. Urge dotar al sistema hospitalario de equipo, insumos y medicamentos y acelerar la habilitación de más espacios y la contratación de personal para garantizar la atención de pacientes moderados y críticos.

Se necesita para ya —mañana es muy tarde— una estrategia masiva de comunicación y divulgación —tomando en cuenta las características de nuestro país— para que se informe y explique con meridiana claridad la importancia crucial de vacunarse y se despejen los miedos y las desinformaciones. Y, claro, el punto central: es imperativo garantizar que haya vacunas disponibles y suficientes para toda la población y no ofrecimientos de que “ya van a venir” o “ya tenemos el nuevo calendario”. Y aunque no quiera asumirlo, señor Giammattei, todo eso es su chance y no lo está haciendo.

Por el contrario: usted, su gobierno, sus aliados en el congreso, en el ministerio público y en las cortes (así, con minúsculas) en alianza con las “élites depredadoras” están utilizando la pandemia para instaurar la dictadura del silencio y de la impunidad. Están aprovechando la crisis actual para recortar los derechos y las libertades ciudadanas, para reducir aceleradamente los espacios democráticos, para atacar y acorralar a jueces, juezas, fiscales, medios y periodistas independientes, a los que ahora también amenazan con censurar.

En lugar de concentrar sus esfuerzos en garantizar la salud y la vida de la gente, la pandemia les está sirviendo de sombrilla perfecta para enriquecer sus caletas y sus maletas. Hay caminos que no tienen retorno. Van miles de muertes evitables y contando, de ahí ya no se vuelve.