Si me permite

Las normas personales definen la convivencia

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La convivencia con otras personas es la habilidad más necesitada en este mundo. Con ella no hay límite en lo que las personas pueden hacer”. Earl Nightingale

La vida de cada individuo está rodeada de intereses, los cuales, cuando son manifiestos, van determinando con quiénes se logra convivir porque, como dice un escritor sagrado: “¿Andarán dos hombres juntos si no estuvieran de acuerdo?” Esta simple interrogante nos invita a reflexionar para entender que los logros y los conflictos en el diario vivir son marcadas por las normas que guían nuestra vida.

Es indudable que convivir implica que también cooperamos, lo cual, de alguna manera, nos permite tener una vida agradable. Por ello, lo que se logra de este modo son las cosas que buscamos repetir y valoramos cuando se pueden tener, porque el diario vivir, como un encadenamiento de detalles, va pintando lo que nuestra vida es y finalmente hacia dónde se está enfocando.

El criterio de convivir es formativo y desde la niñez se inicia a entenderlo. Claro, esto dependiendo de cada temperamento se asimila en algunos casos con una naturalidad y con ventajas para formar nuestra personalidad, pero sin duda, en otros casos, ha sido de una forma impuesta por los mayores que con normas rígidas nos encaminaron para llegar en una forma realista a lo que hoy somos. Cuando entendemos y admitimos esto podemos hacer planes para mejorar la realidad de lo que estamos compartiendo en nuestra convivencia con los que son parte de nuestro entorno.

Las personas que tienen la inclinación de una conducta de generosidad logran de alguna manera una convivencia más placentera y de mayor diversidad. Pero cuando uno es mucho más exigente y de perspectivas muy particulares de lo que la vida nos permite, tienen que caminar con relaciones mucho más limitadas y por su puesto más selectivas.

Es tan agradable aceptar que cuando la vida tiene normas claras estas mismas normas nos van educando y formando carácter, para que nos permita con firmeza avanzar en todo lo que estamos por hacer y con quiénes lo habremos de hacer. Esto es real y va desde lo más superficial hasta las relaciones más formales que tenemos cuando somos parte de una sociedad y una cultura definida, porque estas están estructuradas en criterios no negociables, estamos con ellos o bien nos alejamos.

Es tan triste cuando se observa a aquellos que están en una discusión empeñados en ver cómo pueden imponer sus normas. Esto no solo es un imposible, sino se puede considerar como un tiempo perdido y una energía mal encaminada. Por ello, los que con cuidado y con madurez inician nuevas relaciones, sean estas por simple convivencia o bien como una necesidad por las obligaciones que hemos adquirido, inician sus relaciones con la máxima cautela y con serenidad, evaluando si es factible alcanzar las metas que se han trazado, si no mejor optan por alejarse de lo que en un momento pensaron hacer.

Vivir armónicamente en todas nuestras relaciones nos ayuda a saber convivir con los que la vida nos lleva a cruzarnos y muchas veces hasta uno se sorprende de como algo que fue aparentemente casual llega a abrir las puertas en relaciones provechosas para ambas partes.

Sin duda debemos ser selectivos, pero primordialmente debemos ser los que con normas y principios tomamos cada paso en esta vida.