De mis notas

Lecciones no aprendidas de los otros catorce a las catorce

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Con aquella máxima de Albert Einstein afirmando que la definición de locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes, me uno en estos momentos a las expectativas que giran alrededor de la juramentación del nuevo presidente de la República para tomar las riendas del país a partir del día de hoy, 14 de enero del 2020, a las 14 horas.

Los deseos de todos los guatemaltecos son que el presidente Alejandro Giammattei pueda remontar algunos de los obstáculos más difíciles que han venido enfrentando a Guatemala, impidiendo el desarrollo de todo su potencial.

Hay que ser realistas. Guatemala tiene problemas cuyas soluciones son complejas de aplicar debido a los diversos campos minados que existen en el ámbito político y en los grupos de interés. Tiene que enfrentar a sindicatos con agendas contrarias al bien común; grupos contestatarios radicales con hojas de ruta con ínfulas subversivas. Grupos de empresarios, mercantilistas con un apetito voraz para cooptar contratos del Estado; burócratas por doquier dentro del servicio civil ansiosos de rentabilizar su poder discrecional a cambio de prebendas económicas y políticas, y la herencia de un sistema de “gobierno de jueces” o lawfare, con una evidente ruta de colisión ideológica, en adición a un nuevo congreso atomizado para consensuar agendas no necesariamente afines a la hoja de ruta que trae bajo el brazo.

El arte de la política se mueve en un ámbito de arenas movedizas que hacen muy difícil mantener la estabilidad de un plan de gobierno, debido a los naturales intereses que se mueven dentro de los estamentos políticos. Sin embargo, bien haría el nuevo presidente en declarar enfáticamente cuál es su norte verdadero, los objetivos dentro de esa hoja de ruta que encierra el plan de gobierno macro y el énfasis prioritario que le imprimirá.

Desde un principio deberá capitalizar su aún intacto capital político para confrontar al bien común que la ciudadanía demanda contra los intereses y la oposición espuria que siempre se resiste. Esto es algo que el presidente Morales no logró hacer al llegar a la presidencia con un mandato muy claro: combatir la corrupción. El pueblo reunido en la plaza y que le dio un voto apoteósico no le exigía grandes logros y resultados más que en ese único mandato que habría transformado completamente su administración por las implicaciones que estas tenían en el ámbito político. Su discurso debió ser ese: “vengo a combatir la corrupción. Tengo el favor, el mandato y el voto de ustedes. Lo llevaré a cabo cueste lo que cueste”.

Esa visión granítica, enfocada, inalterable, le hubiese dado un enorme capital político para vencer a la oposición espuria e ilegítima, restándole argumentaciones y poniéndola contra la pared, para lograr la eliminación de las causas de la corrupción, que hasta el día de hoy todavía prevalecen y seguirán siendo el gran obstáculo, la muralla impenetrable de esta o de cualquier otra administración que se juramente cada 14 a las 14.

Existen momentos en los inicios de los gobiernos entrantes en donde se formulan y conjugan los mejores períodos para articular las primeras acciones del gobierno. Es la primera impresión, la primera salida en escena con la investidura presidencial lista para capitalizar el mandato del pueblo.
Lo que el presidente Giammattei exprese hoy en su discurso empoderará los primeros meses de su gobierno e impactará a todos los estamentos políticos porque marca la política con la cual tendrán que apoyar o rechazar.

Dios guarde a Guatemala, Dios bendiga a Alejandro Giammattei.