Escenario de vida

Los humanos enjaulados y los animales libres

Vida Amor de Paz vidanicol@gmail.com

Mientras nosotros los humanos hemos estado prácticamente enjaulados por el coronavirus, ahora los animales se han permitido rondar libres por doquier. Justo antes del amanecer, el 28 de agosto, el personal de Arcas llevó en jaulas por última vez muchas especies diferentes de animales para su último viaje de confinamiento. Su destino fue el Parque Nacional Yaxha Nakum Naranjo, donde se les liberó, ya que habían vivido en el Centro de Rescate y Rehabilitación en Petén de Arcas durante los últimos años.

¿Cómo llegaron hasta allí? Personas con un alto sentido de humanismo les llevaron para que fueran rescatados, pues habían sido víctimas de incendios forestales. Algunos habían perdido sus hábitats o llegaron heridos, o habían sido confiscados por el comercio ilegal de vida silvestre.

A Dios gracias existen organizaciones como el Humane Society International, que apoyó a Arcas, y estos animalitos pudieron por fin ser liberados.

Según me cuenta el Dr. Alejandro Morales (veterinario de Arcas) caminaron hacia el Parque Nacional acompañados por Conap y Diprona en un convoy de tres vehículos. Las tortugas fueron las primeras en saborear la libertad. Liberadas en el lago principal, en el momento en que tocaron el agua nadaron hacia su hábitat natural una vez más. Solo de imaginarlo no me queda más que suspirar y alegrarme, puesto que no hay nada más preciado que la libertad.

Para asegurarse de que los animalitos rescatados y rehabilitados estuvieran bien una vez en el bosque, Morales relata que deliberadamente salieron de las carreteras turísticas habituales y se dirigieron hacia el bosque más espeso que encontraron. Siguieron su ruta por caminos llenos de barro, donde se colocó a los animales en sus respectivas jaulas de transporte. Imagino veían asombrados su nuevo hogar. Una vez adentrados en lo profundo de la selva, lo más lejos posible de la gente, las kennels estaban alineadas y listas para abrirlas, y dejaron salir a los animales.

Cómo hubiese querido estar allí para presenciar esta liberación y ver cómo reaccionaban el armadillo y los pizotes al abrirles las puertas de sus jaulas. Lo primero que hicieron, dice Morales, fue explorar su entorno, cavar en busca de comida con sus instintos naturales. Buscaron comida en los troncos podridos y empujaron las hojas en busca de insectos para comer. Las tamanduas (osos hormigueros), aunque incómodas en el suelo, se apresuraron a trepar los árboles en busca de termitas.

En un área diferente, los felinos fueron los siguientes, menciona Morales. El margay, con zarpas rápidas, no dudó en lanzarse de nuevo a la libertad. Los jaguarundis y el ocelote fueron un poco más cautelosos, olfateando y mirando alrededor de la zona antes de abandonar los confinamientos de cautiverio por última vez. Dos jaguarundis eran hermanos, y aunque temerosos de su nuevo entorno, se adaptaron rápidamente. Lo puedo ver y los imagino juntos, como si adivinaran que un día serían libres de nuevo.

Morales explica que buscaron luego los árboles frutales para liberar al grupo de loros. Incrédulos de que les dejarían en libertad, hicieron una pausa una vez que las puertas se abrieron, pero pronto reconocieron su nuevo hogar. Les vieron volando alto hacia los árboles a los que pertenecen, dice Morales.

Fueron momentos muy emotivos, tanto para el personal de Arcas como para Diprona y Conap. Los loros se encontraron con otros loros, los felinos con más gatos silvestres y en su gran hogar despuntaron hacia los rincones a donde nosotros no estamos aptos para entrar. Es su hogar, donde ahora viven en libertad y debemos respetarles y dejarles vivir en paz.